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Fantasmas Del Ático

lunes, 28 de febrero de 2011

Kiss Me (III)

Ya hacía una semana que habíamos terminado las clases. También hacía una semana que no veía a Lucan, y también hacía una semana que no podía dejar de pensar en él. En su actitud intermitente, en su aspecto siempre perfecto. Como consecuencia, también llevaba una semana jugando a videojuegos con la esperanza de mejorar mi estrategia en la vida real, y con Avenged Sevenfold inundando mi habitación.
Ese domingo mis neuronas ya empezaban a resentirse, por eso, cuando sonó el móvil, tuve que pensar más tiempo del habitual en descubrir cómo descolgarlo. No tuve tiempo de decir nada, porque nada más cogerlo, escuché su voz:
-         En media hora estoy en tu casa.
Y colgó. ¿En media hora? Estaba loco. Me tumbe en la cama y me quede dormida. Me desperté cuando llamaron a la puerta. Fue una de esas veces en las que te despiertas sin saber muy bien dónde estás, asique estaba totalmente desorientada. Pareciendo más un zombi sacado de una película de terror, que una persona, abrí la puerta.
Era él. Estaba con un brazo apoyado en el marco de la puerta. Estaba cerca. Estaba demasiado cerca. Si en los minutos anteriores había estado empanadísima, en ese momento no cabía la posibilidad de estarlo.
-         Vaya querida, qué decepción. Esperaba verte desnuda.
Imposible. ¿De qué iba? Antes de terminar de ponerme roja, cerré de un sonoro portazo. Volvió a llamar y dijo:
-         Nalla… lo siento ¿vale? – no contesté - ¡Oh venga! No te enfades.
Seguí callada, hiperventilando. Tenía a un chico más salido que el pico de una plancha en la puerta de mi casa, mientras que yo no tenía otra cosa mejor que hacer que llevar el pijama puesto.
-         Escucharme sin enojos,
Como lo haces, amor es.
Mira aquí a tus plantas, pues,
De este corazón traidor
Que rendirse no creía,
Adorando vida mía,
La esclavitud de tu amor.
Me entraron ganas de echarme a llorar. No sabía si era por la risa que estaba reprimiendo, si era por la impotencia de tener la sensación de que aquella situación me superaba, o si simplemente era porque en el fondo era lo más bonito que alguien me había dicho. Algo se deslizó por debajo de la puerta. Eran dos papeles de forma rectangular. Los cogí. ¿Eran entradas para el teatro? Como si hubiese leído mi pensamiento aclaró:
-         Esta semana la interpretan en el centro.
Suspiré y abrí la puerta de nuevo.
-         ¿Don Juan Tenorio? – pregunte sin acabar de creérmelo.
-         Pensé que te gustaría. – dijo encogiéndose de hombros, pero algo inseguro.
-         mmm… vale, espera aquí.
-         ¿No vas a invitarme a entrar?
-         ¿Estás de broma? Por supuesto que no. No pienso dejar que un obseso sexual entre en mi casa mientras me cambio de ropa.
-         Qué borde eres. Reconoce que te encantaría acabar pasando la tarde conmigo entre las sabanas de tu cama.
-         Ja - Ja – Ja. Dame 10 minutos. – cerré la puerta y fui directa al armario.
******
13 minutos después salió de casa. No pude evitar decirle:
-         Has tardado tres minutos más de lo previsto.
-         Dicen que lo bueno se hace esperar.
Una vez más consiguió sorprenderme. Tenía que admitir que el comentario de antes había estado fuera de lugar, pero había sido bastante complicado encontrar algo que decir que tuviese sentido cuando me había abierto la puerta en pijama, y más cuando ese pijama consistía en una camiseta lo suficientemente larga como para parecer un vestido extremadamente corto.
Salió de casa y cuando se giró para cerrar la puerta me fijé en su nuevo atuendo. Una falda vaquera y una sudadera negra. El pelo castaño le llegaba hasta la cintura y sus ojos de caramelo dejaban bien claro que eran igual de bonitos pintados que sin pintar.
-         ¿Qué bus hay que coger para llegar al teatro?
-         ¿Perdón?
-         Perdonado. – debí de poner cara rara – El autobús. Que cuál cogemos.
-         Ninguno. He traído mi coche. – hubiese preferido la moto, pero estaba seguro de que se hubiese negado a montar en ella.
-         ¿Tu coche?
-         Claro. No va a ser el del vecino.
-         No pienso montarme en coche contigo.
-         ¿Y por qué no?
-         ¿Y por qué sí? Nadie me puede asegurar que de verdad me lleves al teatro y no me secuestres para fines malvados.
-         Estás loca. La telebasura ha debido afectarte a las neuronas. – no daba crédito a lo que estaba escuchado. ¿Qué tenía de malo mi coche? – Además, ¿para qué iba a querer gastarme un dineral en unas entradas que no tengo intención de usar? Me hubiese inventado otra cosa, ¿no?
Se quedó pensativa, para al final acabar diciendo:
-         Si no vamos en transporte público, ya puedes ir buscándote a otra que te acompañe. – se cruzó de brazos.
-         P-e-r-fecto. – refunfuñé - ¡Eres una auténtica L 7!
-         ¿Qué me has llamado?
-         L 7. ¡Cuadriculada, cabezota, exasperante! – la di la espalda – Vamos antes de que cambie de idea y te meta de cabeza en el coche. Al final llegamos tarde.

Princess_of_Hell

sábado, 26 de febrero de 2011

Tango

Solo tengo mil palabras sin sentido que dicen lo que pienso pero a la vez no expresan nada.

Por eso en ocasiones los gestos muestran más que las palabras.




Princess_of_Hell

martes, 22 de febrero de 2011

Kiss Me (II)

Estábamos en la mejor discoteca de la ciudad. El padre de una compañera de clase era el dueño del local y habíamos decidió hacer allí la fiesta de fin de curso. Tenía al lado a una chica extremadamente irritante contándome cómo la había dejado su proyecto de novio número 7, cuando sonó “A Little piece of heaven” en mi móvil que indicaba que alguien se había acordado de mí mandándome un sms. Fui hasta mi bolso, cogí el teléfono y leí el mensaje.
[Nalla, ¿sabes que estás preciosa esta noche?]
No tenía ese número registrado en la agenda, pero no cabía la posibilidad de equivocarse. Era Lucan.
Todavía recordaba aquellos primeros días de clase, cuando no conocía a nadie porque era nueva en la ciudad. Era normal que encontrase en clase gamberros repelentes, pero nunca había visto a nadie como él. Con Lucan el significado de gamberro insolente cobraba un nuevo sentido. Desde el primer día había conseguido llamar mi atención, pero su actitud me exasperaba. Era imposible que olvidara aquel día cuando el profesor de lengua le cambio de sitio colocándolo a mi lado, ya que no le dejaba dar clase y mi compañera no había venido. Le di las gracias a Dios. ¡Menos mal que sólo fue una clase! Que chico más descarado. Menudo fantasma estaba hecho. Desde ese día, no solo me gane el apodo de Nalla, que no sabía qué significaba, sino también una imagen completa de su cuerpo. Rondaba los dos metros, sus ojos eran verdes, sus dientes perfectos, sus labios comestibles, su pelo tenía una mezcla de castaño y rubio, sus brazos fuertes y las camisetas ajustadas que llevaba le sentaban genial. Era una lástima que fuese tan imbécil.
Releí el mensaje, y cansada de tanta tontería decidí contestarle. Yo también sabía jugar.
[Si tanto te gusto, por qué no vienes y me lo dices a la cara]
Lo envié, le miré, sonó su móvil y nuestras miradas se encontraron. Dos minutos después estaba leyendo su respuesta.
[Porque si me acero, corres el peligro de que te haga mía para siempre]
El juego acaba de empezar.
[Eso habría que verlo]
******
Sí, definitivamente esa chica estaba loca. ¿Me había desafiado? No sabía por qué ya que se había encargado de demostrarme durante el curso que me prefería más bien lejos. De todas formas no esperaría a que me lo repitiera dos veces. Me acababa de dar la oportunidad que llevaba meses buscando. Me despedí de mis amigos, me eché la cazadora de cuero al hombro, cogí las llaves de la moto y me acerqué a ella.
-         Tengo que repetir lo guapa que estás ¿o podemos pasar directamente a cuando te cojo por la cintura y te saco de aquí para evitar miradas indiscretas?
-         Contigo la discreción es misión imposible, pero estoy de acuerdo con eso de marcharnos.
La sonreí. Tan directa como siempre. Me fascinaba la habilidad que tenía para meterse conmigo en cada frase que pronunciaba.
-         En ese caso las señoritas primero. – le pasé el brazo alrededor de la cintura.
-         ¿Qué haces? No recuerdo haberte dicho que estuviese dispuesta a dejar que me toques.
-         Tampoco has dicho lo contrario.
-         Creí que era bastante obvio, por lo que decidí saltarme esa parte. – parecía enfadada – Lo siento, pero aquí las normas del juego las pongo yo.
Ninguna chica me había hablado así antes. Por lo general todas aceptaban todo lo que decía sin más. Levanté las manos con cara inocente.
-         Como quieras. Pero no me comas.
-         ¿Tengo que reírme? – dijo mientras levantaba una ceja.
-         No. Solo era un consejo. Con lo pequeñita que eres podría provocarte una indigestión.
Si añadir nada más, se dio la vuelta y se fue. La seguí con el convencimiento de que tendría que cambiar mi actitud. La fachada que triunfaba con todos, a ella la ponía de mal humor. Decidí dejar de hacer el imbécil y esforzarme en ser yo mismo. Tess me gustaba de verdad. Quien no arriesga no gana.
******
Salí a la calle satisfecha de mí misma. Acababa de ganar el primer asalto.
-         ¿Te gusta el café? – me preguntó.
-         Prefiero el chocolate, ¿por?
-         Porque dada tu forma de ser, antes de invitarte a dar un paseo en mi moto, creo que tengo más posibilidades de acertar si te invito a un café. – sonreí al escucharlo.
-         Vas aprendiendo. ¿Se te ocurre a dónde podríamos ir?
-         A 5 minutos de aquí está Covent Garden. Allí seguro que encontramos algo que te guste.
Tenía que reconocerlo. El había ganado el segundo.
Media hora más tarde, ya tenía mi chocolate caliente frente a mí y una sonrisa de felicidad en la cara.
-         ¿Puedo preguntar por qué te dedicas a evitarme? Es algo bastante molesto.
-         Entonces ¿por qué tú sigues perdiendo tu tiempo en molestarme? – pregunté.
-         Bueno, soy bastante cabezota.
-         Ya somos dos. – admití – Si me permites un consejo, el problema es tu actitud. Tienes una forma de ligar bastante… prehistórica.
-         Jajaja. ¿Tú dándome consejos? Perdóname Nalla. – me guiñó un ojo y añadió – Si quieres puedo mostrarte mi gran don oculto para conquistar a una mujer.
-         ¿Estás de broma? – parecía que se estaba riendo de mí.
-         Para nada. Yo no bromeo con eso. – se puso repentinamente serio - Si me lo permite vuestra merced, os dedico los siguientes versos:
Tu presencia me enajena,
Tus palabras le alucinan,
Y tus ojos me fascinan.
Me quedé sin palabras, anonadada, y de pronto al darme cuenta de lo absurdo de la situación empecé a reírme.
-         Me ofende señorita.
-         ¿Has leído don Juan Tenorio?
-         Al igual que tú por lo que veo. – cambio de gesto - ¿Por qué te gusta el chocolate? – cambio de tema radical. ¿Era bipolar?
-         No sé, me encanta su sabor. Se podría decir que soy adicta al chocolate.
-         Supongo que prefieres el negro.
-         ¿Cómo lo has sabido? – pregunte sorprendida.
-         Lo he intuido. Es que dada tu actitud, no quedaba otra. Cualquier otro tipo de chocolate es demasiado dulce para ti. El amargo te viene que ni pintado.
-         Eres idiota. – me cogió el bolso - ¿Qué haces?
-         Bueno, ya que has descubierto que no soy un inculto como pensabas, tengo derecho a descubrir algo tuyo.
-         Que te sepas un par de versos no significa… - no me dejó acabar la frase.
-         ¿Por qué llevas post-its en el bolso?
-         Por si necesito apuntar algo. – dije mientras me encogía de hombros.
-         Pues apúntate esto.
Cogió el bolígrafo de Victoria Francés y comenzó a escribir algo. Despegó la hoja y se la pego en la boca. En ella ponía:
[Kiss me]
Abrí mucho los ojos por la sorpresa. El se empezó a reír de mi expresión y me contagió la risa. En ese momento la puntuación era 2-1 a su favor.
Se empeñó en acompañarme a casa, y cuando llegamos a mi portal nos quedamos callados. Al final decidí preguntarle:
-         ¿Qué significa Nalla?
-         Amor mío.
Perfecto, antes de estropear nada era mejor que pasásemos del asunto, asique confesé:
-         Me lo he pasado muy bien. Reconozco que me has sorprendido.
Cuando levanté la vista, me quede hipnotizada, perdida en ese color verde.
-         Nunca he conocido a nadie que me intimidase tanto como tú.
-         ¡Qué dices! Pero si yo no intimido a nadie. – era lo que pensaba - ¡Mírame!
-         Mirarte es lo que más me intimida.
Una vez más me quedé sin saber qué decir. Se acercó y me beso en la frente.
-         Te llamaré. – sonó a promesa.
Sin decir ni hacer nada más, se dio media vuelta y se fue desapareciendo por una calle paralela a Picadilly Circus. Tuve que reconocer que había perdido 3-1. Unas palabras se formaron en mi mente.
Game Over
Desde luego, algunas apariencias engañan.


Princess_of_Hell

domingo, 20 de febrero de 2011

Perdidos en el Centro Comercial

-         Me voy a estudiar lengua. He quedado con unos amigos.
¿No se quedaría toda la tarde?
-         Pues da un beso y vete. – dijo su padre.
Se despidió de todos menos de mí.
-         Seguro que me pierdo de camino. ¿Me acompañas?
Los demás irían de compras, asique quede con ellos en una tienda y le acompañe.
Cuando estábamos cruzando el largo pasillo del centro comercial, dijo:
-         Estaría bien poder perdernos, ¿verdad?
Sí… y pensé en ello. En que daría lo que fuera por poder perdernos juntos entre la multitud, que nadie nos conociera, que fuésemos dos personas más que se hiciesen invisibles, que los padres nos olvidaran, que los exámenes no existieran y poder viajar a un lugar donde sólo estuviésemos nosotros.



Princess_of_Hell

viernes, 18 de febrero de 2011

Casa Abandonada

[Pesadilla hecha Historia]



Una casa abandonada que en su día perteneció a una antigua conocida, pero que ahora, se alzaba entre las sombras que producía el atardecer dando una imagen completamente desolada. Los grandes jardines, que en su día fueron verdes, que transmitían vida, ahora mostraban el paso del tiempo estando secos en un paisaje sumamente árido. Una piscina que tuvo aguas claras, transparentes, donde los niños aprovechaban para pasar buenos momentos, actualmente esta negra, prácticamente vacía. Las bandas de la calles se habían encargado de romper todos los cristales, de destrozar los pocos muebles que la familia dejó atrás y de pintar sus paredes con cutres grafitis. Sin electricidad recorriendo las habitaciones, se ven desperdigados de forma desordenada por las diferentes plantas antiguos muñecos, utensilios, cintas de video…
Un lugar perfecto para pasar un rato divertido con los amigos o… para esconder a personas en su interior…

Un grupo de amigos aburridos de la tarde y de la monotonía del tiempo, decidieron ir a visitar por enésima vez esa casa llamativa por su aire siniestro. Callejearon hasta llegar a la parte más alejada del jardín donde había un hueco bastante amplio sin vallas que permitía el paso sin ninguna dificultad. Avanzaron con cuidado de no arañarse con las ramas de los árboles mientras reían y se gastaban bromas entre ellos. Como siempre, el primer lugar a visitar era la piscina donde encontraban el tobogán, el futbolín y varios botes de pintura vacíos. Eran seis amigos, pero de forma distinta a las veces anteriores, una de las chicas se separó de grupo dirigiéndose directamente al interior de la casa en la que le pareció ver un destello de luz inusual. Fue con cuidado de no tropezarse con nada y cuando llegó a la entrada, la cual consistía en una puerta arrancada y con un centenar de cristales repartidos por el suelo, se introdujo en el rectángulo que pertenecía a lo que en su día fue la cocina. Los familiares armarios blancos, desconchados, pintados y algunos arrancados por el tiempo le dieron la bienvenida. Cruzó casi mecánicamente hasta llegar al pasillo que daba entrada al salón buscando el origen de ese destello que creía a ver visto, pero… Ensimismada con la intención de entrar al viejo salón no se percató de un movimiento a su espalda. Una mano negra apareció de la nada en su campo de visión y la tapó la boca. Sintió como un cuerpo masculino, fuerte y un poco gordo se pegaba al suyo dándola un abrazo casi mortal en el cuál casi no podía respirar. Sus ojos se agrandaron de la sorpresa y del pánico del momento. Intentando todavía comprender su situación, el hombre la cogió por las muñecas con un cuchillo en la mano y la hizo dos profundos cortes verticales en ambos brazos. El dolor que sintió hizo que se le nublara la vista cuando miró horrorizada al hombre que tenía delante. Era más bajito de lo que había creído y una barba de varios días le crecía dándole junto con una mirada enloquecida la imagen de un monstruo. El hombre comenzó a hablarla, o eso creyó ella al ver que se movían sus labios. Le plantó algo en la cara para asegurarse de que lo veía. Una cámara de video. La iba a grabar mientras que, ¿se desangraba? Había dejado de oír las voces de sus amigos, de hecho, ya casi ni siquiera se acordaba de ellos. La idea de que iba a morir, la certeza de ello, hizo que comenzase a llorar. Mientras que miraba cómo la sangre abandonaba su cuerpo con rapidez, la imagen de un chico tomó forma en su mente. Se dio cuenta de que no la asustaba ni la disgustaba la idea de morir, sino el hecho de hacerlo sin poder haberse despedido de él. De que todo se hubiese quedado en conversaciones telefónicas y no hubiese tenido oportunidad de probar sus labios. Con las pocas fuerzas que le quedaban a su cuerpo se incorporó, se volvió para ponerse cara a cara con la pared y uso sus brazos como un pincel. Comenzó a escribir con un solo pensamiento, él. Mientras, el hombre reía a sus anchas tomando diferentes puntos de vista para su estupendo video. La chica sentía como se apagaba poco a poco sin poder remediarlo, cómo un dolor insoportable la iba venciendo, pero que, gracias a su férrea determinación consiguió durar un par de segundos más en pie para terminar de escribir una L. Ya estaba hecho, ya había escrito su nombre, el del chico al que amaba. Ella moriría pero su último pensamiento quedaría grabado en aquella pared con la esperanza de hacerle llegar lo mucho que le quería. Cayó  al suelo casi inconsciente. Lo último que escucho antes de que todo se volviese negro fue unos gritos que le parecieron muy lejanos y una imagen borrosa de una chica abalanzándose sobre ella mientras gritaba desesperadamente su nombre.


Princess_of_Hell

jueves, 17 de febrero de 2011

Fórmulas sin Aparente Solución



X es igual a menos B más menos la raíz cuadrada de B al cuadrado menos cuatro por A por C, todo ello partido de dos A.

Fórmula sencilla que aprendemos de pequeños y nos acompaña toda nuestra vida.
¿Por qué cuando tenemos que elegir a la persona con la que queremos compartir todo, sin condiciones, no hay una fórmula que podamos aprender y nos permita resolver correctamente la ecuación?


Princess_of_Hell

martes, 15 de febrero de 2011

Kiss Me

El sol entraba a raudales por la ventana. Me encantaba la forma que empezaba a tomar mi piso ¡Qué bien sonaba! Por una vez en mi vida tenía algo que merecía la pena. En realidad no había mucho en él, por no decir nada. La mitad del loft estaba empapelada con periódicos y el suelo estaba lleno de pinturas de diferentes colores y pinceles de varios tamaños. Llevaba una semana enfrascada en el proyecto de hacer un mural en la pared. Tras muchas semanas intentando decidir el diseño, al final había encontrado en internet una imagen muy lograda de Kirtash y Jack junto con sus respectivas transformaciones. Podía parecer un poco infantil para una chica de 24 años, pero aquellos libros y aquel mundo de Idhum habían marcado gran parte de mi adolescencia. En la otra mitad del piso, además de una cocina, solo había en el suelo un colchón de matrimonio.
De repente llamaron a la puerta. Estaba tan ensimismada con lo que estaba pensando que del susto tan absurdo que me di, se me calló el pincel al suelo y todo se manchó de pintura. El timbre volvió a sonar, asique dejando todo hecho un desastre me dirigí a la puerta para ver quien se dignaba a visitarme.
******
Llevaba una semana desaparecida y me moría de ganas por saber qué era eso que le quitaba tanto tiempo como para impedirme verla y no poder disfrutar de su compañía. Cuando abrió la puerta, fui incapaz de saludarla. ¿Cómo se atrevía a abrir vestida así? De pronto sentí celos solo de pensar que hubiese podido ser otro el que llamase a la puerta y tuviese unas vistas tan increíbles.
-         ¡Hola! No te esperaba.
-         Ya, lo supongo. Quiero tener el convencimiento de que en el caso de que esperases alguna visita, estarías vestida de otra forma.
-         Bueno, cada uno viste como quiere. – se encogió de hombros, pero sus mejillas sonrojadas la delataron.
-         ¿Me vas a invitar a entrar?
-         ¿Tanta prisa tiene?
-         En realidad no, pero me preocupa que puedas coger frío.
Con un gesto de fastidio que ocultaba una sonrisa, me dejó pasar. Aproveché que estaba distraída para observarla con detenimiento. Lo único que llevaba encima era una camiseta que le quedaba un poco grande, le dejaba un hombro descubierto y le llegaba milagrosamente un par de centímetros por debajo del culo. Cuando se agachó despreocupadamente para limpiar el suelo, pude ver el culot negro que llevaba debajo, además de apreciar todas esas curvas tan sugerentes y darme cuenta de que no tenía sujetador. A conjunto, tenía unos calcetines a rallas negras y rojas que le llegaban hasta la rodilla. El pelo lo tenía recogido en una coleta descuidada y una de sus mejillas estaba manchada de pintura.
-         ¿Te gusta?- pregunto sacándome de la fantasía que empezaba  tomar forma en mi cabeza.
De pronto vi el increíble mural que tenía delante. Me parecía imposible no haberlo visto antes.
-         ¿Quiénes son?
-         Jack y Kirtash.
-         Me suenan de algo.
-         Sí. Aluna vez te he comentado que me recuerdan a ti.
-         ¿En serio? ¿Y a qué te recuerdan?
-         Jack en el físico. Rubio con ojos verdes. Aunque tú eres moreno tienes los mismos ojos que él. Y Kirtash en la personalidad. Misterioso, reservado… pero tan increíble que crea adicción.
¿Eso era una indirecta? ¿Me acababa de decir que ese mural lo había hecho porque reflejaba tanto mi aspecto  como mi personalidad? No quería hacerme ilusiones. Al fin y al cabo no era mi novia. No teníamos nada serio, pero sí especial.
-         Qué interesante…
******
¿En serio no había pillado la indirecta? Cada día los chicos me parecían más simples.
-         Bueno, ¿te gusta o no?
-         Es precioso. Muy logrado.
-         Ya… es un me gusta de “sí, está bien para tu forma de ser” o de “me encantaría tener uno en mi casa”.
-         ¿A qué viene eso?
-         Por curiosidad. ¿Vas a ir luego a casa de tus padres?
-         Que va. Me voy a casa de un amigo. El problema es que está al otro lado de la ciudad.
-         … si quieres puedes quedarte aquí. – le ofrecí con la esperanza de que aceptara.
-         No, tranquila. No quiero molestarte.
Frustrada por la clara ausencia de inteligencia, cogí un pincel, lo metí en el color rojo y comencé a escribir en la pared.
-         ¿Qué ha…? ¿Kiss me? ¿Por qué has escrito eso?
-         Porque ya que parece que no entiendes que te estoy ofreciendo vivir conmigo, que me importas y me encantaría que pasases la noche aquí… aspiro a que algo tan directo como esto, lo entiendas.
Puso cara de póquer, y unos segundos después dijo:
-         ¿Y quién te ha dicho a ti que no lo he entendido a la primera? Parece que la que tiene problemas eres tú. ¿De verdad crees que he venido hasta aquí para nada? Simplemente quería que me lo dijeses directamente. Escucharlo de tus labios para que ahora cuando los bese pueda estar convencido de que son solamente míos.
Entonces se acercó, me cogió en volandas y me llevó a esa cama improvisada que tenía. Sentí el peso de su cuerpo sobre el mío mientras su lengua exploraba mi boca, y sin saber muy bien cómo, acabamos sin ropa bajo las sábanas.


Princess_of_Hell

sábado, 12 de febrero de 2011

Rosa Negra

Salgo de la ducha. Gotitas de agua mojan el suelo de forma intermitente pero contínua. Cojo el secador para ponerle fin y tardo 15 minutos en volver a apagarlo. Es el tiempo suficiente para dejar que mi mente vague demasiado buscando entre los recuerdos. Aún llevando siglos viviendo, o más bien existiendo entre los humanos, y haber entendido sus despreciables sentimientos, me sorprendía a mí misma volviendo a caer en algo tan banal como eso. Suspiro y dejo vagar la mirada por el reflejo del espejo para encontrarme con la misma imagen de siempre. Ninguna. Cuando llego a mi cuarto, saco del armario un vestido de seda negra y lo deslizo con suavidad por mi cuerpo hasta que queda en el sitio correcto. Cuando me giro la veo y todos esos recuerdos que había conseguido retener a duras penas, salen a la superficie dándome la fuerza suficiente como para hacerme con la rosa y en un movimiento estúpido percibir el  aroma que desprendía. SU aroma. Entonces recuerdo con claridad.
“Estábamos en el estudio mientras él terminaba de arreglarse para salir a cenar. Cuando le vi sacar ese frasco de colonia, le pedí si podía dejármelo un momento. Después de preguntarme por qué, y de haberle confesado lo que pretendía hacer, se dio media vuelta rumbo a mi cuarto. Aunque le pregunté qué es lo que pensaba hacer, no me contestó. Volvió con una sonrisa de triunfo dibujada en la cara y me dijo que desde ese momento siempre podría recordarle por su olor”.
Si, todavía recuerdo esa sonrisa, y en cierto modo me arrepiento de haber hecho esa petición que ahora, me parecía una chiquillada. Sin que mi mente traicionera me diera un descanso, caí entre las imágenes de otro recuerdo.
El mensajero había traído algo esa mañana. Una caja grade y verde ocupaba el centro de la mesa. Nada más acercarme a ella supe sin necesidad de abrirla que era suya. En su interior estaba ella. Una rosa de mentira pero eterna. Junto a ella y una carta, una cruz con una nota.
Mi alma reside en el interior de este amuleto, y con esto te entrego mi amor eterno.
Me sentí la mujer más dichosa del mundo aunque sabía que era una gran carga que tendría que soportar a lo largo de los años”.
Qué ingenua fui entonces. Ahora era cuando de verdad era totalmente consciente de lo que significaban aquellas palabras. Aquellas palabras que en cierta forma me sonaban a mentira. Cargaba y cargaría con ese peso toda mi vida. Aunque tenía que reconocer que era de lo más llevadero, bonito y… emotivo, para qué negarlo, que me había pasado. Que un humano dejase en sus manos algo que era tan importante para ellos.  Hundo mi nariz en la rosa y aspiro para que solo sea él el que inunde mis sentidos. Siento cómo mis colmillos se alargan progresivamente según sigo recordando sin poder evitarlo.
“Era nuestro momento. Todo mi cuerpo estaba atento a sus movimientos. Cerré los ojos y me deje llevar por la sensación de sentirse amada. De dejar que me quisieran y de concederme el honor de creerme que todo era verdad. Sus manos recorrían mi cuerpo explorándolo ansiosas. Sus labios atrapaban los míos con avidez para luego dejar un camino de besos a lo largo de mi cuello. Su lengua experta me conseguía llevar hasta la locura…”
Me duelen las encías. Los colmillos han empezado a tomar su tamaño original. No puedo permitirme echar de menos algo que simplemente no puedo tener. Al menos tengo un consuelo. Aunque un consuelo egoísta. Tiro la rosa sobre la mesa, me acerco a una caja y saco de ella el amuleto. Esa cruz… Él le había entregado su amor eterno junto con aquella cruz fría que absorbía el poco calor que le proporcionaba mi mano. Por lo tanto era algo que le pertenecía. Algo que era suyo, y que ninguna otra mujer iba a poder obtener.
Con esa determinación, abandono la habitación para ver si como algo del cuello de algún humano y consigo despejarme la mente.


Princess_of_Hell

viernes, 11 de febrero de 2011

Noche Especial

Una habitación…. Una habitación iluminada tan solo con velas…. En medio… elegante, una cama con un edredón negro… que esconde bajo sus hilos unas sabanas de seda tan rojas como la sangre… unas cortinas, tan negras como el carbón se dejan caer a los lados de tan humilde lecho esperando a que alguien lo ocupe….

En la puerta de dicha habitación, dos sombras, unas de mas altura que la otra, pero confundiéndose en una sola. Un vestido, también negro, a juego con su acompañante, con un corpiño tan ajustado que cuesta respirar, tan largo y voluminoso que cuesta caminar… un pelo de unas dimensiones vertiginosas…. Recogido humildemente en un sencillo recogido…
El acompañante, con los brazos rodeando la cintura de la dama… la mira con sus ojos oscuros ardiendo de pasión… devorándola con la mirada… ella correspondiendo a tanta insistencia silenciosa… desliza sus finas manos de porcelana por su cuello, se alza de puntillas, y le besa en el cuello, mientras siente como unos afilados colmillos le crecen sutilmente en la boca, para instantes después, morderle en un acto que les provoca estremecer. Con la tenue luz de las velas, mira a su amado tan perfecto y bello como nunca lo había estado ante, anhelante de algo que no se puede describir con palabras mientras resbalaban finos hilos de sangre por las comisuras de los labios sonrientes de esta. La corta distancia que le separa desaparece por momentos, para dar lugar a un furioso beso en el que se puede saborear la sangre, la pasión, en el que se pueden sentir hasta el corazón latir bajos sus delicados pechos…. Llevándose las manos al pelo, deshace fácilmente su recogido para dejar caer libremente unos finos cabellos color chocolate…. Dejándola así, un aspecto más salvaje y provocador…El tiempo se para, solo existen ellos… el caballero coge en volandas a la dama, la lleva hasta el lecho depositándola entre las suaves sabanas para un segundo después, deslizarse entre ellas para volver a acortar esa dolorosa distancia que les separa. Con un cariño infinito, la muerde el cuello, la besa la comisura de los labios, ambos disfrutan con cada momento, cada movimiento, sintiendo como suya la respiración del otro….la sangre se desliza por las sabanas manchándolas disimuladamente, las velas tímidamente descienden la intensidad de la llama, y el amado abraza a su dama, depositando esta última la cabeza en el pecho del otro. Tan caballero como le habían educado, le susurra al oído durante sabe Dios cuanto tiempo, millones de historias, millones de promesas imposibles y cuando terminando la noche y acercándose el alba se prometen que estarán juntos para siempre, que solo se amaran mutuamente… se besan en un beso mucho más delicado que los anteriores, y deslizándose por su mejilla, acercando sus labios al cuello… el amado susurra solo dos palabras:
TE QUIERO



Princess_of_Hell

martes, 8 de febrero de 2011

Un 13 de Abril al Atardecer

[En el 2012, el 13 de abril cae en viernes. Si quiere el peluche puede comprovarlo]


Sonó el timbre y suspire de felicidad. Esa última clase de física cuántica había sido horrorosa. Mientras estaba metiendo las pocas cosas que llevaba en la mochila, lamente haberle dejado el coche a mi madre. Tenía por lo menos una hora de camino hasta llegar a casa. Los pasillos seguían llenos de actividad a pesar de ser las siete de la tarde. Cuando estaba pasando por la sala común, deje atrás personas que estaban estudiando, jugando a las cartas o  haciendo uno de esos famosos trabajos en grupo que nos mandaban.
******
La estaba esperando en la puerta para darla una sorpresa. Había decidido el día anterior cumplir aquello que la dije. Además, estaba seguro de que se alegraría porque odiaba el transporte público. Una gran cantidad de estudiantes pasaban a mi lado, pero ninguno era ella. Cuando la vi, me quede observando cómo se acercaba. Se había vuelto a aislar asique deduje que había tenido un mal día, porque si no, nunca llevaba los cascos puestos. Cuando paso por mi lado, la cogí del hombro y la dije:
-         Que pasa, ¿qué me he vuelto invisible de repente?
******
Me sobresalté, me gire y me quede realmente sorprendida. Mientras me quitaba los cascos le pregunte:
-         ¿Qué haces aquí?
-         Raptar a mi chica favorita.
-         No seas mentiroso – me acerque para darle dos besos - ¿Has venido en coche?
-         Claro.
-         ¿Y a dónde me vas a llevar cuando me raptes?
-         ¿No te parece que eres un poquito interesada?
-         ¡Jo! Es que estoy cansada…
-         Anda, vamos al coche.
Cuando se puso a andar aproveché para observarle. Desde que le conocí siempre había combinado al andar la seguridad y la prepotencia. ¿Se había hecho algo en el pelo? No pude identificar el qué, pero sí que estaba guapísimo. Más adorable que de costumbre, si eso era posible.
Cuando llegamos al coche me pudo la curiosidad.
-         ¿A dónde vamos?
-         ¿Te acuerdas de que el otro día te dije que me gustaría llevarte a donde solía ir a pensar?
-         Si – me emocione - ¡¿Vamos a ir?!
-         Esa es la idea.
-         ¿De verdad?
-         No seas desconfiada.
******
Quería ver si podía ser tan intuitiva como parecía, asique la dije:
-         ¿Quieres que te enseñe una canción?
-         ¿Cuál?
Tenía todo preparado, por lo que solo tuve que encender el equipo de música. “Abrí los ojos”, esa canción, nuestra canción, inundó el coche. Antes de dar tiempo a que comenzase la letra, preguntó:
-         ¿Por qué has decidido llevarme hoy?
-         Escucha.
[Nuevo abril estrena otro disfraz. Hay un muerto encima del sofá. Viernes 13 rojo, otra vez, impar]
-         Viernes 13… - susurró.
-         Si…
-         Hoy es viernes 13.
-         Por eso te llevo. Porque, ¿qué mejor día que este, ya que es nuestro?
La mire y pude observar como sus mejillas se teñían de un delicioso color rosado. La cogí de la mano para llamar su atención.
-         A ver si te gusta.
No dijimos nada más en todo el camino. El repertorio de canciones que había seleccionado hablaban por mí mientras ella las escuchaba.
******
Mire el reloj. Habíamos tardado media hora en llegar. Observe a mi alrededor para recordar todos los detalles de aquel lugar. Estábamos en la cima de una colina, y toda ella constituía un jardín. Lo que más me impresiono fue descubrir un cenador blanco donde la hiedra había conseguido abrirse paso, tiñéndolo de verde.
Le mire, me cogió de la mano y me llevo al banco que habitaba en el interior del cenador.
-         ¿Te gusta?
-         Es un lugar mágico. Es precioso.
Nos sentamos y me di cuenta de que estaba atardeciendo.
-         Viernes 13 rojo… ¿lo tenías todo pensado?
-         Todo. Para ti.
Al mirarle se me ocurrió una idea.
-         ¿Sabes cómo podrías hacer que fuese perfecto?
Me miro con cara de curiosidad, y de pronto, me sentí cohibida ante su mirada.
-         Yo… bueno, nunca me has hablado en inglés.
-         ¿A qué viene eso?
-         Déjame acabar, por favor. Yo y el inglés nunca nos hemos llevado bien. Por otro lado, siempre te cuesta mucho decirme lo que piensas…  ¿Podrías decirme lo que sientes, lo que pasa por tu cabeza… en inglés? No entenderé nada, pero sería fascinante.
-         mmm… puedo intentarlo.
Me quede callada a la expectativa. Me abrazó y comenzó a hablar. Las palabras que salían de sus labios con fluidez eran incomprensibles para mí, pero me parecía que formaban una melodía preciosa. Le abrace con más fuerza y  me deje acunar por esa fascinante pronunciación. El sol estaba ocultándose, y después de un tiempo que no quería que acabase, me cogió la cara entre sus manos y su boca atrapo la mía para darme el beso más dulce de mi vida. Se separó, para finalmente decirme muy despacio asegurándose de que lo entendía.
-         I love you.

Princess_of:Hell

lunes, 7 de febrero de 2011

Un Final Más




En una playa escondida, que vive a los pies de un acantilado y que desaparece cada mañana cuando subía la marea, había un antiguo árbol con grandes raíces. De repente, en lo más alto de la montaña apareció una chica con una cuerda en la mano. Estaba cerca el amanecer, pero aún tenía el tiempo suficiente para hacer lo que se proponía. Minutos después sus pies descalzos ya descansaban sobre la arena, y su mirada vacía buscaba la raíz adecuada. Cuando creyó haberla encontrado se acercó y ató con destreza la cuerda a la raíz y sucesivamente el otro extremo a su tobillo. Aprovechando la longitud de la cuerda se encaramó a una roca cercana y se sentó a esperar. Su cabeza era un hervidero de acusaciones, no solo para sí misma, sino también para él. Por lo general siempre se había sentido bastante sola, hasta que le encontró. Fue tan ilusa como para pensar que podía ser diferente. Encontró en él el cariño, el apoyo y la confianza que creía que nunca hallaría en el sexo apuesto. Incluso cuando se acabó su romance había seguido conservando esa opinión. Pero no. Al final resultó ser como el resto. La había hecho desconfiar de todos y detestaba incluso cualquier tipo de contacto físico. Todo le parecía falso, risible e irreal.

Cada cierto periodo de tiempo la faltaba la respiración, se ahoga sin causa aparente, y un tremendo dolor se instalaba en su pecho sin ser bienvenido. Un día le vio, pero hizo caso omiso a su presencia. Sólo le sirvió para tomar su decisión. ¿Para qué morir todos los días medio ahogada? Lo mejor sería ahogarse del todo y así liberarse de la obligación de respirar. Por eso estaba allí. Sola, siempre sola.

Según el cielo iba cambiando su color, el agua iba ganando terreno hasta alcanzarla. En un tiempo record vio como sus pies se mojaban. Como el agua le llegaba a la cintura, al pecho… comenzaba a flotar. La cuerda se tenso, sin permitirla tener la opción de escapar, y poco tiempo después quedo totalmente sumergida. La faltaba el aire, pero ya estaba acostumbrada. El pelo le acariciaba la cara. Cerró los ojos y antes de que de forma instintiva intentase respirar llenando sus pulmones de agua… una sonrisa se dibujo en su cara por haber conseguido su objetivo. Mientras tanto, el sol protagonizaba el alba de un nuevo día… sin ella.


Princess_of_Hell


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