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Fantasmas Del Ático

martes, 22 de enero de 2013

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Y es que la mayoría de las veces no lo tengo claro. Sí, así. Sin más. Sin saber explicarlo.
Hoy hace un día raro. Como ayer, y antes de ayer, y antes de antes de ayer…. Y así desde hace tanto que perdí la cuenta. Y un día más decido salir de casa porque siento que me falta el aire. Que entre indecisión e indecisión se me olvida dejar algunas lágrimas, gritos y reflexiones por el camino. Y así me pasa. Que me olvido de respirar y todo se complica más. Como siempre abro el armario y … ya te sabes el resto.
Si no me doy prisa, perderé el autobús. Y no puedo perderlo, porque significaría verle una hora más tarde. Una hora más para pensar. ¿Por qué he tenido que levantarme hoy con ganas de convertirme en aspirante a filósofo? Me invade la frustración y empiezo a correr a ver si me la dejo por el camino.
Y es que a veces creo que me falta originalidad. No consigo hacer una versión de mí misma que me guste. Me quedé anclada en los personajes de Disney… Y no avancé.
-          ¿A dónde vas?
-          A reinventarme.
Analizo lo que acaba de pasar. He dado una contestación a mi vecino tan incoherente que el pobre se ha callado y no ha dicho nada más. Y es verdad. Me meto en mi burbuja y me reinvento miles de veces. Porque paso allí todas las horas del día restantes en las que no estoy contigo. Porque a veces… consigues que me encuentre por un instante y parezca que todo cobra un poco más de sentido. Porque me dices que soy demasiado positiva y sonrío.
 Y mientras tanto, miro los árboles y me doy cuenta de que narro lo que pienso como si fuese a escribirlo. Como si quisiese hacer de mí un cuento. Y es que no sé… puede que sea un sentimiento, un impulso… algo espontáneo. Pero al final de todo… prefiero ver las cosas buenas antes que las malas, ya que de esas se encargan otros de recordármelas.
 

lunes, 21 de enero de 2013

No te enfades conmigo...


... simplemente no sé explicarlo.
No sé si fueron sus ojos, la forma que tenía de hacerme reír, como me sentía cuando me besaba o el simple hecho de que sacaba lo mejor de mi.

El caso es que me enamoré... sin más.

domingo, 13 de enero de 2013

Eres...

No era de día, pero tampoco era de noche. Era esos pocos minutos de desorientación al final de la tarde cuando no tienes demasiada idea de qué hora puede ser. La cama era tal vez demasiado pequeña, estrecha, diminuta, minúscula… para que estuviésemos los dos tumbados en ella. En ese momento no me di cuenta. Puede que fuesen sus ojos. Puede que fuese su sonrisa. O tal vez su boca. Tal vez…
-          Eres Osa
Le miro desconcertada.
-          Que eres preciosa. – sonrío como una niña y creo que me pongo roja – Y también eres Ta.
-          ¿Tonta?
-          Nooo… Coqueta. Y… Llosa
-          ¿Quisquillosa?
-          Jajajaja. Maravillosa. Y también eres Able.
-          ¿Infumable?
-          No, adorable. E Ible.
-          ¿Ible?
-          Comestible… y por cierto… Ies.
-          Vale, no se me ocurre nada para eso.
-          Que te comería desde la cabeza hasta los pies.
 
Y me beso. Y yo no sabía muy bien dónde estaba, si se había hecho de noche, o si nos habíamos caído de la cama.
 

sábado, 5 de enero de 2013

Eres mi historia favorita

Llegué a casa. Aquella tarde el camino hasta la librería se me había hecho eterno. No me apetecía hablar con nadie… y justo en ese momento, mi madre me interceptó  a mitad de camino de las escaleras.
-          Cielo.
-          Dime.
-          Tienes visita. – y miró hacia la puerta de mi habitación.
Estupendo. Lo que me faltaba. Aún así… cuando entre en mi cuarto, me quede sin palabras. ¿Qué hacía él allí? O mejor. Corrijo. ¿Qué hacia él solo en mi habitación?
-          - ¿No ves que en la puerta pone llamar antes de entrar? Si llamas y no contesta nadie, no puedes pasar.
-          Esa norma te la acabas de inventar. Bueno, ¿a dónde te habías ido? – me preguntó cambiando de tema. Si las miradas matasen puede que aquel hubiese sido mi primer asesinato. – Vale, Vale. No contestes. A ver qué me dices de esto… Como tardabas tanto he leído tu libro de historias.
-          ¿QUÉ?
-          Anda, cállate, sientate y escucha. – No tuve más remedio que hacerle caso. De pronto me sentía desnuda, sabía que me había puesto roja (no sabía si de ira o de vergüenza) y no conseguía emitir ningún sonido que considerase que tuviese sentido. - ¿Cómo lo haces? ¿Cómo consigues que tus historias sean tan especiales? Una de las cosas que más me gustan es la forma en la que evolucionan contigo.
-          No te entiendo.
-          El ejemplo más claro son los lugares. Empiezas en el instituto…. Luego el escenario cambió a la politécnica… ¿y ahora qué va a ser? ¿Una universidad con forma de instituto? No me mires así. Es cómo la describes cuando me hablas de ella. También lo haces con las personas. Según aparecen y salen de tu vida vas cambiando los personajes.
-          ¿Cómo lo sabes?
-          ¿Cómo no lo voy a saber?
-          Supongo que me alegro de que te gusten, pero no tenías que haber leído nada. ¿Sabes lo que es la intimidad? Así que fuera de mi habitación. No sé qué querías, pero me da igual.
-          De acuerdo, me voy pero… ¿Te cuento un secreto?
Se acercó, me dio un beso en la mejilla y me dijo muy bajito:
-           Eres mi historia favorita.
Y se fue.
 

Y es que no sabía que tenían sus ojos



Y es que no sabía muy bien que buscar en aquel extraño día de sol. Tomar café con leche en la terraza de un bar parecía lo más adecuado. La sobraba la bufanda, el gorro y la ropa en general. Y es que no sabía a qué se debía, pero la gustaba la ausencia de nubes en un cielo que ya no recordaba tan azul. Tenía… calor sentada en ese vagón de tren. Puede que tuviese la música demasiado alta, pero la daba igual. Había entrado en su burbuja complicada, transparente y particular. Y es que no podía parar de pensar en sus ojos, en su mirada… en su forma de mirarla. Y es que la verdad que no la miraba a ella, sino a sus ojos. No sabía explicarlo, pero es que solo la miraba a los ojos. De forma intensa, casi dolorosa. Y la gustaba. La gustaba eso que sentía en el estómago, la gustaba no saber qué pensar de aquel chico de ojos chocolate, la gustaba lo romántico absurdo de la situación.

El tren se para y ella se baja. El frío la golpea con fuerza. La burbuja explota y suspira. Y es que no sabía qué tenían sus ojos, pero ya habría tiempo para averiguarlo.
 
 

miércoles, 2 de enero de 2013

Piii… Piii… Piii…


-          ¿Si?

-          Hola… ¿te acuerdas de mí? No por favor. No contestes. No me digas nada. Solo escúchame. Solíamos hablar todos los días, eras el motivo de mi sonrisa, de mis lágrimas… y un día dejamos de hablar. ¿Te acuerdas? Pasamos miles de tardes mirando al infinito, manteniendo conversaciones que no llegaban a ningún sitio. Vimos muchos atardeceres sentados en esos columpios antiguos de nuestro pueblo. Me gustaba pasar tiempo contigo, a tu lado. Saber que siempre estarías allí, desafiándome, enseñándome. Me gustaba saber que mientras yo pensaba todos los días que ponerme, tu por tu cuenta, pensabas la forma de desnudarme, de dejarme con esa sensación de inseguridad para luego recordarme que todo lo que se puede quitar, se puede volver a poner. A lo mejor no igual, pero eso no era importante. No ES  importante. Sabes que te quiero, pero también sabes que te odio. Puede que por eso no hablemos. No lo sé. ¿Sabes otra cosa? Te echo de menos, pero tengo que reconocer que estoy mejor sin ti. Te quiero fuera de mi vida. Me cuesta mucho decirlo en voz alta, pero lo necesitaba. También tengo que reconocer que no quiero dejarte ir. A veces duele demasiado. Pero da igual. Te preguntarás por qué te he llamado. Quería despedirme de ti, querido PASADO. Me parecía grosero no dedicarte una explicación. Aunque claro, puede que haya sido una decisión egoísta en un estúpido intento de auto convencerme de que es lo mejor. Eso tampoco lo sé. Cuídate mucho.
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