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Fantasmas Del Ático

lunes, 30 de junio de 2014

(3) Ganas de Besarte




Esas ganas de besarte. Si, esas ganas de que te olvides de todo y me beses como si no existiese mañana. De que me calientes la boca con algo que no tenga nada que ver con el Tequila.  De que me abraces muy fuerte y me dejes sin aire. De que me mires de esa forma que tú sabes y hagamos una pequeña guerra que sé que perderé instantes después. De que cojas esa maldita cuerda y nos enredemos juntos en ella.
Esas terribles ganas de ver una película en tu cama mientras comemos palomitas. De que te vuelvas loco, me secuestres y pongas rumbo a un destino desconocido. De que me arranques la ropa sin miramientos. De que te olvides que soy una niña y me hagas tuya.
Esas terribles ganas de creerme cada una de tus promesas imposibles. De soñar que a lo mejor son de verdad. De atreverme a confiar en ti y que no me importe se algún día me haces daño. De quedarme desnuda y olvidarme el escudo de hierro a los pies de tu cama. De que me conozcas al 100% y que a cambio pasemos noches en vela descubriendo tus secretos. Esas ganas de saber de ti porque sé que tienes mucho que ofrecer.

Si… al final…. esas terribles ganas de que hagas que me enamore de ti…. hasta que solo sea capaz de decirte que te quiero. 


martes, 24 de junio de 2014

¿Resumirte la vida en un momento?

Ese momento en el que te duele hasta el alma unas palabras leídas y empiezas a llorar por primera vez por una persona.... hasta tal punto que te resulta imposible escribir algo coherente.
Ese momento en que te das cuenta de que te importa más de lo que pensabas. 


lunes, 23 de junio de 2014

Hasta que lluevan pianos del cielo.


Cerré los ojos instintivamente como cada vez que alguien me acariciaba el pelo, solo que esta vez lo único que ibas a hacer era recuperar tus gafas de mi cabeza. 

No esperaba encontrarte mirándome segundos después. Algo chasqueo. ¿No lo escuchaste? Con la intensidad que transmitías con tus ojos oscuros me sentí más desnuda que nunca. Y en ese momento deseé que me besaras. Y sentí que me podría ir contigo al fin del mundo y no dejarías que me pasase nada. Que me rescatarías incluso antes de ser capaz de pedir ayuda. Que no me harías daño. 

Algo chasqueó y sentí mil y una estupideces imposibles. Pero como decía la canción, deseé con todas mis ganas que te quedaras a mi lado hasta que lloviesen pianos del cielo. 


viernes, 20 de junio de 2014

Hoy pagas tú.

La película de Antena3 es igual de mala que cualquier otro sábado, y mi medio litro de helado de chocolate blanco desaparece por momentos. Por alguna estúpida razón no dejo de mirar el móvil, pero siempre acabo decepcionada. No sé a qué aspiro en esta tarde de sol, pero lo que más me apetece es hablar con él. Estará ocupado. Seguro que tiene cosas mejores que hacer antes que darme conversación, pero no puedo negar que sería capaz de estar toda la noche sin dormir si él es el que está al otro lado del teléfono. 
Era sencillo y a la vez demasiado complicado. 
O a lo mejor es que como siempre yo lo hacía todo extremadamente más difícil de lo que era. 
Asqueada cojo el bolso y me voy a comprar suministros.  

*****

- ¿Qué pasa pelirroja?¿Qué haces?
- Pues nada, comprando helado. ¿Y tú que tal?
- Uf, yo estoy aquí, haciendo presupuestos para la guerra. 
- Como no.
- He estado mirando y tienes que pedir más a menudo. No te cortes. 
- Ya estamos. Qué pasa, ¿no tienes nada mejor que hacer que espiarme?
- Alaaaaa. Borde. No te espío. Me informo. Y no, hoy me quedo en casa sin plan. De relax.

Y sin motivo sonrío. ¿Por qué?
Miro a ver qué sabor toca esta vez y sin darme cuenta estoy pensando qué cuál es el que le gustaría a él. La verdad es que sino tenía nada que hacer estaría curioso eso de pasar la tarde en mi piso tirados en el sofá subsistiendo a base de comida basura. Y se podría ir al videoclub de al lado a por una peli.

- ¿Vas a estar en casa sin hacer nada de verdad?
- Pues claro. ¿Por?

¿De verdad estaba pensando decírselo? Si soy sincera conmigo misma me muero de ganas de preguntar. Pero a lo mejor era complicar las cosas. A lo mejor no quiere. O a lo mejor... me saco un máster en poner escusas...

- A ver, simplemente contesta ¿Qué tipo de películas te gustan?
- Las de acción.
-¿Qué sabor de helado prefieres?
- El de dulce de leche. 
- Vale... a ver... contesta con sinceridad. ¿Te vendrías a mi casa a pasar una tarde-noche de pelis? Luego podemos coger algo para cenar. 
- ......
- Si no quieres no pasa nada ¡eh?

Y como no, me podía la inseguridad, el qué pensará y el miedo a una negativa.

- ¿Y a la cena invito yo? 
- ¿Cómo que invitas tu? Pero que manía tienes. 
- Bueno, me estas ofreciendo ir a tu casa... y dijimos que en la primera cita pagaba yo. Creo que es lo más justo.
- ¿Cita? ¿Pero de que vas?
- Anda no te enfades que es broma. 

Creo que no quiero que sea una broma. Pero no sé si tener una cita como tal oficial sería adecuado. O si. O... madre mía que indecisión. 
Respiro profundamente y escribo:

- Vale. Pagas tu. A las 7 en mi casa. 

No sé si me estaré equivocando o no, pero tengo clara una cosa: 

Las aventuras son mucho más bonitas cuando huelen a peligro. 

miércoles, 11 de junio de 2014

¿Sabes qué? Estoy enfadada.



¿Sabes qué? Sí que estoy enfadada.
Pero no sé si por tu culpa o por la mía. Por lo que me has dicho o por como me he sentido cuando lo he leído. Si porque en parte tienes razón o porque me da rabia. Si porque estoy cansada o porque la maldita frase la dije yo. Si porque el tiempo a tu lado se pasa volando o porque tienes la facilidad de hacerme reír. Si porque me relaja tu voz cuando hablas o porque me gusta esa pequeña obsesión que tienes de colocarte el pelo constantemente... Si... Si... Si es porque simplemente me siento bien dando un simple paseo contigo y soy tan tonta que estaría dispuesta a conformarme con eso. 

Definitivamente estoy enfadada, frustrada y asqueada por no entenderte. Por no entenderme. 

Definitivamente quiero ser un maldito guerrero con una enorme y gruesa armadura de hierro. 


sábado, 7 de junio de 2014

Perderse en tus ojos



Era completamente de noche y en ese momento me arrepentí de no poder haber quedado antes. El tiempo pasaba tan rápido que me dio por pensar que nunca tendría suficiente. 
Estaba nerviosa. Como siempre. Y tu  tan guapo como te recordaba, lo cuál, no ayudaba nada.
Aquel banco aparentemente normal, cada vez se me antojaba más pequeño. Tenía la sensación de que estabas demasiado cerca. En ocasiones me faltaba la respiración y me daba cuenta de que nunca llegaba a tener las cosas bajo control cuando estaba contigo.
Además, no me quedaba otra que reconocer que tenía miedo de mirarte. La oscuridad había vuelto tus ojos casi de color negro y cuando me mantenías la mirada sentía que me quedaría una eternidad perdida allí, como una tonta en esas películas románticas. 
En un impulso de salir corriendo decidí que a lo mejor todo era culpa del banco, que encogía y hacía que tuviese ganas de besarte. Frustrada por estar en el mismo punto muerto de siempre me levante.

- ¿A dónde vas?
- Em... ¿a pasear?

Al final me rendí y me di como caso perdido. Seguía faltándome el aire. Caminé a tu lado sin  de decir nada demasiado coherente. Me daba igual que fuese una cama, un banco o un parque. Podría volver a estar toda la noche contigo hasta que el sol, sin preguntar, hiciese su aparición en el horizonte. 


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