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Fantasmas Del Ático

martes, 1 de marzo de 2011

Infidelidades

[No sé muy bien por qué los sueños a veces nos acaban mostrando aquello que nos negamos a ver. Sí, esto es solo un sueño hecho historia, pero que dice y admite más verdades de las que he dicho desde hace un par de meses]

Era viernes y había quedado con él al día siguiente porque habíamos reservado una habitación en un hotel. Estaba muy ilusionada, ya que al fin y al cabo iba a ser mi primera vez.
Estaba recogiendo la habitación cuando me encontré su cartera. Debía de habérsela dejado. Decidí que aunque no tuviésemos intención de vernos, me pasaría por su casa a devolvérsela, ya que me parecía la escusa perfecta para poder disfrutar de su compañía. Cogí el coche. Llegué a su casa. Llame a la puerta. Tardó tanto en abrir que pensé que no había nadie. Estaba despeinado.
-         Cassi, no te esperaba. - Me dejó pasar. Parecía nervioso - ¿Qué haces aquí?
Le enseñé la cartera.
-         Te la olvidaste en casa.
La cogió, la miró y me dijo.
-         Gracias. Emm…voy un momento arriba para guardarla. Espérame aquí.
Tenía una actitud… extraña. Estaba segura de que pasaba algo. Al poco tiempo de que hubiese desaparecido por las escaleras, comencé a escuchar algunos ruidos. Cansada de tanto misterio y cada vez más convencida de que ocultaba algo, subí. Cuando llegué a su habitación, me encontré con la peor imagen de mi vida. Su ex novia estaba en ropa interior encima de él mientras le besaba el cuello. La fantasía de cogerla del pelo, llevarla a la ventana y lanzarla a través de ella para luego escuchar el golpe contra el suelo, comenzó a formarse en mi mente. Era una posibilidad demasiado tentadora.
-         Veo que os lo estáis pasando genial.
Intenté mantener la tranquilidad.
-         ¡Cassi!
-         ¿Desde cuándo? – pregunté.
-         Desde cuándo ¿qué?
-         Desde cuando estás con ella.
-         Yo…
-         En la cama desde hoy. – contestó el cadáver en potencia por él.
-         Cassi yo…
-         No digas nada. – le interrumpí – No te atrevas a dirigirme la palabra.
-         ¿Eso significa que he ganado? – pregunto la arpía ¿Había dicho proyecto de cadáver? Pues me he equivocado. Era chica muerta.
-         Eso depende de lo que creas que hayas ganado.
Me di la vuelta y abandoné la casa para refugiarme en el coche. Intenté relájame cuando me di cuenta de que estaba sujetando con tanta fuerza el volante que tenía los nudillos blancos. Sólo tenía ganas de agárrarme a una botella de alcohol y dormirme borracha en un mundo donde los tíos no existieran. Como no tenía intención de hacerlo en casa de mis padres, tomé la decisión de alquilar una habitación en el hostal que estaba al lado de casa.
Como siempre, en el momento más oportuno, sonó el móvil. Activé el manos libres antes de cogerlo.
-         ¿Qué quieres? – pregunté sin saludar.
-         Nada, solo pensé que te gustaría saber que he puesto a tu perro a dieta.
-         Matt, no tengo humor para bromas.
-         Ya lo noto.
-         ¿Qué quieres? – volví a preguntar.
-         Ver si te puedes pasar por casa. Quiero enseñarte una cosa.
Me quedé pensativa. Por un lado no tenía ganas de nada, pero por otro tampoco estaba dispuesta a cambiar mis planes por lo que había pasado.
-         Voy a comprar un par de cosas y en 20 minutos ya estarás sufriendo mi presencia.
-         Ok. Adiós.
Fui a una gasolinera que me pillaba de paso. Entre directa al pasillo para mayores de 18. Al principio pensaba comprar solo una botella, pero acabé cogiendo dos. De camino a la caja, me hice con una tableta de chocolate negro y cuando fui a pagar… los vi. Todos esos paquetes de tabaco de diferentes colores y marcas. Esos que decían que mataban. Yo ya estaba muerta en cuanto al alma se refería, asique me pareció adecuado comenzar a matar mi cuerpo. No había fumado en mi vida, pero aquel día se me antojaba perfecto para empezar.
Cuand adquirí todo lo que necesitaba, me acerqué a casa de Matt. Si en algún momento había creído que el día no podía ir a peor, es que era una ilusa. Nada más pasar al salón, me encontré con Elliot. Miré a Matt fulminándole con la mirada.
-         ¿No se te olvido mencionar algo en la conversación?
-         No. Te dije que quería enseñarte algo.
-         Ya, pero él es alguien.
-         Ups. Un pequeño fallo.
-         A mí me parece más bien un detalle importante. En fin, ¿qué te trae por aquí Elliot?
-         He venido a pasar el fin de semana. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos.
-         Pues lo siento, pero justo hoy estoy ocupada.
-         Cassi, si me dijiste que precisamente hoy no tenías nada que hacer. – dijo Matt.
No sé que me pasó, pero esa frase hizo que las lágrimas acudiesen traicioneras a mis ojos. Con una de ellas recorriendo mi mejilla contesté.
-         Ya… pero los planes cambian según las circunstancias.
Me fui. Una vez en el coche, puse Versailles de forma que solo existiesen las notas de lo guitarra eléctrica y la voz del cantante.
Llegué al hostal y cogí la mejor habitación, no por el tamaño ni por la comodidad, sino por la bañera hidromasaje que tenía. Deje la bolsa sobre la cama de matrimonio, me hice con el paquete de tabaco, un mechero y mientras me acostumbraba a ese extraño sabor, el mundo se me cayó encima. Busqué en el móvil Arch Enemy, le di al play, la voz gutural de la mujer llenaba la habitación y ni siquiera el sonido del agua al caer disminuía la intensidad de  la música. Coloqué una de las botellas que había comprado junto con el chocolate, al lado del grifo. Me quité toda la ropa que llevaba, que me sobraba, que me agobiaba, quedándome solo con la camiseta puesta. Alguien llamo a la puerta. Suspiré. Volvieron a llamar. Interrumpí la caída del agua. Llamaron una tercera vez con más insistencia. Al final decidí abrir la puerta. Por segunda vez en ese día, la imagen de Elliot apareció sobresaltándome. Sin esperar a que lo invitara a pasar, entró, cogió el móvil y lo apagó.
-         ¿Qué haces aquí? – pregunté.
-         Me has dejado antes preocupado.
-         ¿Debería sentirme alagada? – cogí de nuevo el paquete de tabaco, encendí mi segundo cigarrillo y me acerqué a la ventana.
-         ¿Desde cuándo fumas?
-         Desde hoy.
-         ¿Por qué? – tenía que admitir que sus ojos transmitían preocupación.
-         ¿Y por qué no?
-         Cassi, odias el humo. Desde siempre.
-         Si no tienes intención de decirme para qué has venido, puedes irte.
Suspiró.
-         Veras, es obvio que te conozco lo suficiente como para saber que te ha pasado algo grave. Incluso me atrevería a añadir que él es el problema. Yo, bueno… no sé que habrá pasado, pero he venido a contarte por qué estoy aquí. A lo mejor te ayuda a ver que no es el fin del mundo. - Le miré con curiosidad – Lo he dejado con ella. – musitó.
-         ¿Lo has dejado tú?
-         Sí.
-         Entonces me alegro. – me miró sorprendido – Se supone que su has roto tú esa fantasía que te traías de Death Note, es porque así lo has querido.
-         Me enteré de que me puso los cuernos. Asique sí, lo he dejado, pero no precisamente por voluntad propia. No sé qué te habrá pasado a ti, pero no creo que sea peor. Seguro que se arreglará.
Me reí sarcásticamente y con amargura.
-         Querido Romeo, una vez más te equivocas. Habíamos reservado para mañana una habitación y creo que podrás imaginar lo importante que era para mí. Hoy cuando he ido a su casa, lo he encontrado en la cama con su ex. Siento estropearte el drama, pero creo que el mío gana por goleada.
-         Lo siento.
-         No lo hagas. Solo se ha demostrado lo que ya intuía. He dejado escapar a una persona increíble – le mire significativamente – por un imbécil que no podía hacerme feliz. Contéstame a una cosa. A quién has querido más, ¿a mí o a ella?
-         … Sabes que  ti.
-         ¿Te sigo atrayendo lo suficiente como para tener una aventura conmigo?
-         Qué pregunta más estúpida.
-         ¿Tienes algo que hacer esta noche?
-         No.
-         Báñate conmigo y hazme el amor – musité.
-         No estás en condiciones como para pedirme eso.
-         Por favor… Siempre supe que serías tú. Siempre quise que fueras tú.
El tabaco quedó olvidado, las botellas sin empezar, nosotros mojados, el chocolate desapareció poco a poco consiguiendo que nuestros besos fuesen más dulces que nunca, más irresistibles. Las sábanas acabaron arrugadas, nuestros cuerpos entrelazados en la cama, la noche fue eterna, las caricias prohibidas y en ese momento, en nuestro momento, después de dos años, volvieron a existir un nuestro, un Romeo y Julieta.

Quise decirte al oído…
Quise llorar por lo que fue.
Quise enhebrar nuestros hilos por última vez,
y que la noche, nos llevase a aquel ayer…


Princess_of_Hell

1 comentario:

  1. Me gusta cómo suena tu relato. Ya tengo nuevos grupos que buscar ^^
    Las infidelidades son tan complicadas... Supongo que lo importante es no liarse y saber lo que una quiere. Intentar no hacer daño, sin hacerse daño a una misma.
    Y si un tío te engaña, adiós muy buenas y él se lo pierde.

    (Por cierto, aunque no lo lleve, me sigue fascinando ese estilo indefinible de mi 3ºESO. Y la música, siempre la música).
    Un beso!

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