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    Fantasmas Del Ático

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    lunes, 20 de mayo de 2013

    Emocionalmente infantil




    Aquella tarde compre una botella de champán después del trabajo. Ese día tenía ganas de compartirla contigo. Y como ya sabes que a mí me gusta mucho tomarme esas cosas con un poco de chocolate, cogí la receta de mi madre y cuando llegue a casa elaboré con impaciencia infantil unas cuantas trufas mientras pensaba en ti y en qué cara pondrías cuando te diese la noticia.
    Me mandaste un mensaje. ¿Llegarías tarde?
     
    No sé si es que es algo que va directamente relacionado con mi persona, pero es que cada vez que trazo un plan cuidadosamente, siempre ocurre algo que lo vuelve del revés. Me entristezco con facilidad, siento como mi ilusión se fractura levemente y como algo en mis mejillas me obliga como a curvarlas de forma dolorosa para esbozar la peor media sonrisa del mundo y obligarme a actuar como si todo por dentro estuviese bien. Como si no hubiese granizado en un segundo congelándome por dentro.
    Al final respiré hondo y me puse a escribir para olvidarme del tiempo. Para imaginar que no era tan exagerada y egoísta.
    Cuando llamaron a la puerta, fui corriendo para poder darte un abrazo. Creí que se me paraba el corazón. Tuve que darlo cuerda como si fuese un reloj antiguo para solo conseguir que latiese de forma errática. Pero ahí estabas. Con esa sonrisa que me volvía loca. Con ese brillo en los ojos en los que adoraba perderme. Y me diste un abrazo de los que me dejo sin aire. Y luego me diste un beso de esos en los que consigues que se me olvide respirar. Y… Y…. y de pronto me sentí estúpida por preocuparme por cosas tontas.

    - ¿Qué tal esta mi pequeña favorita?

    Sonreí. Pero esta vez de verdad.

    lunes, 12 de marzo de 2012

    Fantasía Infantil


    No sé qué me encontraré en mi casa esta noche. Tengo que reconocer que estoy inquieta, nerviosa. Sí, es verdad. Llevamos un año juntos, pero esa mirada…
    Esta mañana me lo he encontrado en la puerta de mi casa, con una sonrisa increíble y con un brillo en los ojos especial. Me ha pedido las llaves de casa, y a cambio me ha dado una rosa verde esmeralda.
    -          ¿Y esto? – le he preguntado como una estúpida.
    -          Esto es solo el adelanto de lo que te espera esta noche pequeña.
    Me ha dado un beso, me ha dicho que me vaya muy bien en la universidad y me ha echado de casa. Llevo todo el día intentando estudiar, pero es imposible. Puedo pasar horas mirando el increíble color de la flor mientras una idea detrás de otra pasa fugazmente por mi incansable imaginación.
    Miro el reloj. Son la ocho. Suspiro. Cierro el libro de programación. Recojo las innumerables hojas de apuntes, el portátil, los bolígrafos, las reglas… y me voy al coche. Voy todo el camino de vuelta con la música muy alta para intentar relajarme, pero es como misión imposible.
    Llego al portal, cojo el ascensor y mientras espero a que me deje en el piso adecuado, intento arreglarme el pelo, la cara, la ropa… Da igual. Sigo pareciendo un proyecto de zombie. La puerta de mi casa hoy me parece más grande, más ancha y más pesada que de costumbre. Estoy tan nerviosa y ansiosa a la vez que necesito tres intentos hasta que consigo abrir la puerta. No hay ninguna luz encendida, pero el pasillo ha sido invadido por velas y pétalos de rosa de todos los colores. Hay un sobre en la pared. Lo cojo y leo el papelito que hay dentro.
    “Bienvenida a casa Princesa. Deja los zapatos de cristal para Cenicienta, al lado de la puerta”
    Sonrío. Me quito todo lo que me estorba y me quedo en vaqueros y con una camiseta. Voy despacio y a la altura del baño, me encuentro otra carta.
    “Es hora del té. El sombrerero loco te da cinco minutos para que pases al baño y te tranquilices. Recuerda: Al fin y al cabo, es tu no cumpleaños”
    Me invade un sentimiento de gratitud increíble. Tengo ganas de comérmelo a besos. Me echo a reír como una niña pequeña cuando veo un vestido blanco hasta el suelo, y un “te quiero” escrito con pintalabios en el espejo. Me doy una ducha rápida. De cuatro minutos exactamente. Me pongo el vestido y vuelvo al camino de rosas.
    Por fin llego a la puerta de mi habitación. Un cartel con el dibujo de Din-Don, el reloj de la Bella y la Bestia, dice:
    “Llama tres veces a la puerta señorita. Cuando escuches la música, será cuando puedas entrar”
    Así lo hago. Llamo. Me quedo escuchando expectante. Comienza a sonar la canción de mi película de Disney favorita, pero sin letra. Solo la melodía. Abro muy despacio la puerta y en seguida siento como las lágrimas empiezan a recorrerme las mejillas. Ya no puedo más. Es todo tan…. Tan….
    Las paredes de mi habitación están forradas con papel de regalo. Ese que me tiene enamorada desde que lo vi en la papelería de la calle mayor. Ese que está lleno de partituras. Además, Loumier, la señora Pots, y Bella también están aquí, repartidos por los pentagramas.
    Él está sentado en la cama, como si aquello fuese lo más normal del mundo. Como si no fuese increíble, especial, mágico… En la mesa hay un jarrón de cristal con rosas verdes. Me acerco y dejo la que él me ha dado esta mañana con las demás
    Verde… su color favorito. Verde… el color de la esperanza. Hasta ese momento no me había dado cuenta de lo adecuado que era ese color, porque para mí, él, era mi esperanza, mi mundo, mi vida…
    Solo puedo decir una cosa inteligente antes de besarle y perder la noción de tiempo:
    -          Te Amo



    jueves, 1 de diciembre de 2011

    Tú como Plato Principal

    -          Cariño, ¿tienes hambre? – me pregunta cuando se acaba la película que estábamos viendo en Antena3

    Miro el reloj. Son las doce y no hemos tomado nada desde la comida, pero allí, abrazada a él, me doy cuenta de que en cierto modo sí tengo hambre.

    -          Sí. Más o menos.

    Me sonríe, se levanta y desaparece en la cocina dejándome sola, abandonada en el salón. No me ha dejado termina la frase. Tengo hambre, cada vez más, pero no precisamente de comida. Me levanto y voy a buscarle. Está sacando un par de latas de atún, la mayonesa, el queso y no sé que más cosas incompatibles entre sí. Mientras tanto, hay algo en el microondas. Me pregunto qué será. Me doy cuenta de que está preparando una bandeja y en ella hay un paquete de galletas y el bote de Paladín. Chocolate… mi imaginación, como siempre tan oportuna, comienza a funcionar.

    -          ¿Desde cuándo es de buena educación abandonar a una dama?
    -          Desde que dicha dama quiere comer.
    -          Pero yo no te he dicho que es lo que quiero comer. – protesto.

    Se da la vuelta. Me mira y pregunta.

    -          ¿No te apetece chocolate? Lo siento, ¿qué quieres?

    Me acerco más a él.

    -          No sé, estoy un poco indecisa… ¿Tú estas en el menú?

    Al principio me mira sorprendido, pero en seguida sus ojos se iluminan ante la insinuación.

    -          Puede que como segundo plato.
    -          Jooo… pero es que yo te quiero como plato único y principal. – digo apenándome con voz de niña pequeña.
    -          Ya querida, pero es que en ese caso echarías a perder la leche.
    -          ¡Tú no te preocupes por eso! El chocolate claramente va incluido en el plato principal.

    Pone una expresión extraña, pero al final me acaba sonriendo.

    -          ¿Me estas diciendo que no puedo preparar la cena porque yo formo parte de ella?
    -          Qué inteligente eres cuando quieres. Del chocolate me encargo yo, así que – pongo voz de niña pequeña de nuevo - ¿me esperas en la cama?
    -          Solo si me prometes que vas a tardar poco.
    -          Prometido

    Me pongo de puntillas para poder darle un beso, pero antes de correr el peligro de olvidarme de mi “plan”, me retiro. Suena el microondas. Cojo una cuchara, el vaso de leche y lo empiezo a llenar de polvos de cacao. Unos minutos después, satisfecha con el resultado, voy a la habitación dando pequeños saltitos de emoción. Ahí está. Tumbado en la cama. Y es solo mío.
    Dejo el vaso en la mesilla.

    -          ¿Qué haces todavía con la camisa puesta? – le regaño.
    -          Esperar a que me la quites tú. – dice con una sonrisa pícara.

    Y eso hago. Le desabrocho lentamente cada botón, sin prisa, alargando los segundos. Le quito la camisa y le empujo para que se tumbe. Él, inconformista como siempre, mete las manos bajo mi camiseta y me ayuda a quitármela. Solo tenemos los vaqueros, pero por ahora no me molestan. Hay tiempo para poder quitarlos más tarde.
    Me mancho el dedo de chocolate y comienzo a dibujar, a trazar, algunas letras en su pecho. Cuando termino observo la palabra.

    -          Te Amo – lee él

    Nos miramos a los ojos y nos hacemos promesas silenciosas.

    Sí… Tengo hambre. Demasiada. Va a ser una noche muy larga y… muy dulce.


    Princess_of_Hell

    lunes, 28 de noviembre de 2011

    59 segundos

    Tengo hambre. Voy a la cocina, robo una tableta de chocolate con naranja y me escondo entre los peluches de mi cama. Cuando el sabor de la dulce golosina conquista mis labios, sé que estoy perdida. Porque con él has venido. Te mudas y te quedas en mi cabeza, haciendo acopio de mis recuerdos y mi imaginación. Todo se tiñe con las letras de tu nombre, de tu imagen, del roce de tus labios sobre los míos, de los juegos prohibidos que llevan a cabo nuestras lenguas. Te puedo sentir conmigo, como si estuvieses de verdad. Siento claramente que te quiero. El cariño, la añoranza y la felicidad hacen un asalto a mis murallas de forma inesperada y ganan la batalla haciendo acopio de una sonrisa que se dibuja en mi cara… una sonrisa que es toda tuya. Me has hecho sonreír con solo pensar en ti. ¿Qué conseguirás cuando estemos juntos?
    Los minutos pasan. El tiempo fluye constante sin darse cuenta de mi presencia. Estoy 59 segundos de cada minuto pensando en ti. ¿Y el segundo restante? Es el que necesito para darme cuenta de que desapareció el sabor a chocolate y necesito tomar más.

    Princess_of_Hell

    sábado, 19 de noviembre de 2011

    Burbuja Musical

    Compartir auriculares con una persona es
    algo más que compartir un objeto. Es compartir
    sensaciones, pensamientos, complicidad...
    Es compartir un mundo


    La biblioteca estaba en silencio y repleta de burbujas con mundos paralelos que creaba la imaginación de cada una de las personas que habían ido allí con la intención de estudiar.
    Tenía el libro de física y miles de folios con formulas repartidos sobre la mesa. El pelo mojado me protegía del calor que hacía allí, pero el sueño, el cansancio y los nervios no perdonaban tan fácilmente. Todo parecía teñido de gris, insulso… como las películas antiguas en blanco y negro. Sacándome de mi burbuja, el móvil me informó de que tenía un mensaje nuevo:
    “Mi lady, ¿dónde está? La echo de menos”
    Se me dibujó una sonrisa estúpida en la cara y le dije donde estaba. Al poco tiempo apareció con más personas de clase… y como por arte de magia, todo volvió a recuperar su color habitual. Se sentó  a mi lado, nos dijimos las cuatro estupideces habituales y cada uno se centró en sus apuntes de física. Las frases cortas rompían el silencio y la seriedad en la mesa en la que estábamos todos sentados. Suspiré y asumí que sería incapaz de leer una línea entera sin distraerme.
    -          Mira, escucha – me dijo ofreciéndome uno de los cascos de su Iphone.
    Le miré mientras procesaba lo que me acababa de decir. Quedamos los dos muy juntos por culpa del cable... pero no me importaba. Me sorprendió la canción que sonaba… era genial. “Anthem part two” de Blink 182. No era un grupo que escuchase, pero tampoco me desagradaba. Al principio creí que cuando se acabase, cada uno seguiría a lo suyo… pero no… la canción se apagó progresivamente y dio paso a otra. Y así, entre canción y canción creamos entre los dos una burbuja compartida donde sólo estábamos nosotros, las notas, los pentagramas flotando alrededor, la voz del cantante, y el silencio lleno de palabras que nadie comprendía.

    Princess_of_Hell

    martes, 25 de octubre de 2011

    Those Night


    Stay up late and we'd talk all night
    In a dark room lit by the TV light
    Through all the hard times in my life
    Those nights kept me alive "

    -          Son las dos de la mañana. Me voy a la cama – le dije bostezando.
    -          ¿Ya? Pues que desilusión. A mí me hacía feliz pensar que te quedarías conmigo mientras practicaba, así… aunque no estés aquí puedo imaginar que toco para ti.
    -          Ya, pero es que resulta que si no me voy, mañana me voy a caer de sueño.
    -          Bueno, como veas princesa. Buenas noches.
    Con una sonrisa estúpida en la cara apagué el ordenador, me refugié bajo mi edredón y me abracé a la almohada pensando que era él.
    A la mañana siguiente estuve a punto de lanzar el despertador por los aires. Había dormido seis horas…. Las insuficientes para que mi humor de por la mañana fuese peor al habitual. Me vestí con cualquier cosa, me peine descuidadamente ya que mi pelo liso casi no se enredaba por las noches, me tomé un vaso de leche y salí de casa camino a la parada del bus.
    ******
    Sí, aquella mañana no tenía necesidad de madrugar, pero había valido la pena. La vi aparecer al final de la calle abstraída dentro de su burbuja y con un cartel imaginario donde ponía “no molestar”. Esa mañana tenía una misión: Conseguir que sonriese y se fuese a la universidad de buen humor. Cuando llegó a la parada y me vio, su cara de sorpresa solo duró unos segundos, porque en seguida me miró con reproche.
    -          ¿Qué tal has dormido?
    -          Déjame en paz.
    -          Oye, no me muerdas.
    -          Te aguantas. Ya te dije que hoy estaría así, así que no sé por qué has venido. Si te contesto mal es tu culpa.
    -          Y por eso estoy aquí, para solucionar los problemas que genero.
    Me miró con una cara… Estaba en fase “Pokemon salvaje ha aparecido. Cuidado”. Me eché a reír sin poder evitarlo.
    -          ¿Qué te hace tanta gracia?
    -          Mmm…. ¿Por qué eres mi perdición?
    -          He preguntado yo primero. – dijo con superioridad.
    -          Mentira. Yo esa pregunta me la hago todos los días y todavía no tengo respuesta.
    Se quedó sin habla. La apoyé contra la pared y la sujeté la cabeza para obligarla a mirarme a los ojos.
    -          Grábate esto princesa. Me da igual si estás de mal humor, si tienes ojeras, si tienes sueño, si muerdes o si gritas. No hay nada que haga que no estés preciosa en cada movimiento que haces.
    La abracé para no darla tiempo a contestar. Me rodeó con todas sus fuerzas como si pretendiese desaparecer entre mis brazos.

    ******
    Siempre estaba allí. No era capaz de imaginarme ni un solo momento del día sin él.
    -          Gracias – susurré.
    El bus llegó y tuve que despedirme. Cuando sin pensarlo demasiado entré en el autobús con una sonrisa, me di cuenta de que había conseguido que la mañana fuese perfecta. ¿Qué más daba si dormía ocho, seis o dos horas? Si estaba con él todo el resto perdía importancia. No sabía si se podía… pero estaba segura de que cada día le quería un poco más… si es que eso era posible.

    Princess_of_Hell

    viernes, 21 de octubre de 2011

    ¿Me regalas una sonrisa?

    Precioso. Había quedado precioso. Había dedicado mi  tiempo a soñar y a hacer un pequeño dibujo acompañándole con una sencilla frase. Estaba delante de su coche y sabía que en breves saldría de su casa porque había quedado para un cumpleaños. Dejé el dibujo allí, sujeto sobre el capó y me escondí. Minutos después salió, se acercó y su cara era extraña. Cogió el papel con desconfianza y lo leyó:
    “Nadie es tan pobre que no pueda regalar una sonrisa ¿Me regalas una?”
    Sonrío. Sí… me regaló aquello que más me gustaba. Su sonrisa. Esa que se contagiaba, que transmitía alegría, que transmitía positividad… Me acerqué por detrás sin hacer ruido y le dije sobresaltándole al oído:
    -          Gracias.
    Se volvió para mirarme.
    -          ¿Me regalarías una todas las mañanas? – pregunté de forma inocente.
    -          No, te las cobraría.
    -          ¿Por qué?
    -          Porque no has hecho bien la pregunta.
    -          ¿Y el señor sería tan amable de corregírmela?
    -          Mmm…. No, tengo prisa.
    Sonreí. Tan esquivo como siempre.
    -          Anda mira, pero si parece que eres más inteligente de lo que pensaba.
    -          Me he perdido.
    -          ¿Y lo que me gusta, qué?
    Le besé. Sí, le besé sin pensármelo dos veces, porque me apetecía, sin pensar en lo que pensaría, sin pensar en lo que ocurriría, sin pensar en cómo reaccionaría. Simplemente le besé dejando al lado todas las cosas que siempre me lo habían impedido.
    -          ¿Qué haces?
    -          Besarte.
    -          Me gusta. – se acercó y me besó él.
    - ¿No tenías prisa?
    -          Creo que tengo algo mejor que hacer esta noche.
    Cuando nos volvimos a besar no pude evitar sonreír en medio de aquel beso. Sí… sus sonrisas me encantaban, pero sus besos no se podían describir con palabras.



    Princess_of_Hell

    sábado, 8 de octubre de 2011

    En cierto modo Siempre serás Mía

    Los pasillos de la universidad suelen estar llenos de personas anónimas que hacen que pierdas de vista a las conocidas, pero hoy, una vez más, como cada día, cuando entras por la puerta al sector norte, todos desaparecen para quedarte tú y solo tú en mi amplio campo de visión. Dejas atrás el Este de color verde esperanza, pero no pasa nada, porque eso es algo que siempre llevas contigo. Siempre tienes esperanza en todo y en todos, por eso, cuando te miro a esa cara inocente, te me antojas un niña que no sabe nada del mundo. Lo mágico, es que sabes mucho más que cualquier otra persona. Entras distraída a mi sector de color azul. No se parece para nada al azul cielo,  pero tú haces que me sienta como si estuviese en él.
    Levantas la vista y me ves. Me encanta que me regales ese momento por la mañana. Ese pequeño instante en el que esbozas una sonrisa y se te ilumina la mirada solo con mirarme. Haces que me sienta el chico más afortunado del mundo. Espero con paciencia a que llegues hasta mí y mis amigos para darte un abrazo y llenarme los pulmones del mejor olor del mundo. Tu cuerpo tiene una mezcla de olores entre la crema, la ropa y la colonia y tu pelo recién lavado, a champú. Todos juntos te forman a ti, a mi chica, a la chica más maravillosa del mundo. Un mechón rebelde comienza a estorbarte. Podría quitártelo yo ya que sería una escusa perfecta para acariciarte la cara, pero prefiero observar la imagen de cómo tus delicadas, delgadas y largas manos se colocan en la posición perfecta para a continuación seguir un perfecto movimiento hasta que el pelo queda en su sitio.
    Tu voz es única, como todas las demás. La gran diferencia es que las otras personas no son tú. No tienen tu tono, tus gritos, tus susurros, tus ruidos extraños, tu alegría… no son tu voz y por lo tanto quedan a años luz de mi interés. No tienen tu sonrisa sincera, tus pucheros cuando te enfadas, tus labios suaves, ni tu sinceridad… El resto de miradas no son tan cálidas como el caramelo, no desbordan cariño, amor, interés, curiosidad, miedo, sorpresa, emoción…
    Estás tan enfrascada en una conversación que no te das cuenta de que no dejo de mirarte, de que no puedo dejar de mirarte, de que no hay otro pensamiento en mi día que no seas tú. Dices que te vas a clase, que vas a llegar tarde. Tan responsable como siempre. Me das un efímero beso de despedida que no se parece nada a los besos que yo te quiero dar. Suspiro y sonría derrotado. El único consuelo que me queda es saber que eres mía y de nadie más.
    A veces tengo miedo cuando pienso qué pasaría se te perdiese, pero hace tiempo que me he dado cuenta de que de alguna forma nunca lo haré. Aunque llegue el día en que no me quieras, aunque llegue el día en que me olvides... En el fondo siempre serás de alguna forma mía. Porque yo te veo con unos ojos diferentes al resto, y estoy seguro de que me envidiarían por ello.

    Princess_of_Hell

    domingo, 25 de septiembre de 2011

    Un Error al Anochecer

    Cuando por fin tuve la oportunidad, cogí el sábado de madrugada el coche con destino a Barcelona. Ese fin de semana iba a ser solo para mí, para perderme entre las calles y los recuerdos, para soñar con algo que ya se tornaba bastante borroso. Pasaron las horas mientras dejaba atrás Madrid, Zaragoza… En un tiempo que me pareció demasiado corto, llegué a la orilla del mar a la vez que el sol comenzaba a despuntar en el horizonte. Tenía una sensación rara en el estómago, así que me quedé viendo sola una vez más el amanecer, esperando con la vana esperanza de que desapareciera. Cuando me di por vencida, suspiré y me dirigí a la primera oficina de turismo que me encontré. Llegar al famoso arco del triunfo fue mucho más sencillo de lo que esperaba, y se me escapó una triste sonrisa al pensar la de veces que él lo habría visto. Me quedé observándolo, fijándome en los detalles, sin prisa, controlado mis emociones. Cuando comencé a sentirme estúpida por mirar a un trozo de piedra medio ensimismada, me fui. Paseaba entre la gente abstraída. Algunos hablaban catalán, otros castellano, otros japonés, otros inglés…
    Me encontré como por casualidad la estación de tren, y sin pensar demasiado lo que hacía, acabé sentada en un vagón rumbo a un destino desconocido pero extrañamente familiar. No sabía lo que me proponía. Como siempre me debatía entre dos o más opciones totalmente opuestas. No sabía si era un error, si era algo que tenía pendiente, si sentía miedo o euforia, si estaba contenta o aterrorizada. En el fondo daba igual, sabía donde acabaría mi visita turística desde el principio, y como muestra a mi absurda cabezonería, después de investigar la ciudad y de haber pasado por aquella iglesia de luces cambiantes,  estaba paseando por la interminable calle peatonal fijándome con cuidado en los números de cada uno de los portales que dejaba atrás. Mi búsqueda acabó, y mi pánico aumentó, al ver tres números iguales.
    Me sentía pequeña, asustada, insignificante. Mi cuerpo había creado miles de mariposas imaginarias dentro de mi estómago que amenazaban con salir transformadas en lágrimas. Un recuerdo detrás de otro me acosaba sin descanso, una sensación, una lejana sonrisa, una promesa imposible,  una mirada sincera, una rabia incontrolable… impotencia y al final… vacio. Sentía tantas cosas a la vez que no era capaz de sentir nada. Perdí la voluntad y la fuerza simultáneamente dejándome caer al suelo. Las personas que pasaban a mi lado me miraban con desconfianza, pena, indiferencia… Los minutos pasaban sin prisa, el portal nunca se habría, las ventanas estaban cerradas y yo no era capaz de levantarme y hacer lo correcto. Irme.
    No sé cuánto tiempo perdí allí, solo sé que hubo un momento en el que la puerta se abrió cuando yo por fin me estaba levantando. Su cara era de sorpresa, la mía de puro terror. Pensé: “tierra, trágame”. Era una niña jugando a un juego de mayores y había perdido. Cuando él dio un paso hacia delante, yo salí corriendo. Corrí calle abajo. El me perseguía. Yo corría más rápido. Estaba agotada, mi cuerpo entero protestaba y me pedía a gritos que me rindiese. Comprendí que estábamos en su terreno, que no podía esconderme, que las reglas del juego las ponía él y que de algún modo había llegado hasta allí esperando que sucediese algo parecido. Su mano atrapó mi brazo con demasiada prontitud. Pronto mi carcelero me agarraba de la cintura para asegurarse de que no me escapaba. La calidez de su piel me quemaba y me reconfortaba a la vez, el pelo que cubría mi cara escondía las lágrimas que amenazaban con salir, mi mirada estaba fija en el suelo mientras que sentía la suya recorrer cada centímetro de mi cuerpo mientras se convencía de que no era un sueño. Despacio, como si no quisiera asustarme, me cogió la cara y me obligo a mirarle. Sus oscuros ojos marrones me recordaron cuánto había echado de menos esa forma que tenía de hacerme sentir especial. Sus labios parecían querer decir algo, pero no encontraban las palabras adecuadas. Esbocé una tímida sonrisa sin saber muy bien qué pasaría. Me regaló otra. De esas de medio lado que tanto me gustaban. No sabía por qué no había cogido un destino turístico más interesante, pero tampoco me importaba. La noche comenzaba a tomar protagonismo a la vez que sus labios se empezaban a acercar a los míos. Miles de interrogaciones se dibujaban en mi cabeza. ¿Sería un error? Lo más probable es que sí, pero aquel anochecer del 13 de febrero me parecía un momento perfecto para cometerlo.

     
    Princess_of_Hell

    viernes, 16 de septiembre de 2011

    Te Mentí



    Era sábado. Aquel día no tenía ganas de salir. El sol estaba comenzando a caer privando a mi pequeño salón de claridad. El sillón morado y suave en el que estaba tumbada comenzaba a teñirse de negro. La minicadena encendida y casi al máximo de volumen, hacía que la vecina se desesperara por momentos, lo cual me sacaba una sonrisa de triunfo. Odiaba a las personas que gritaban de forma constante, y aquella mujer rubia de bote se llevaba el premio a la voz más estridente y desagradable. A veces me daba por pensar que se había tragado un altavoz a lo largo de su vida.

    “You should have known
    The price of evil
    And it hurts to know that you belong here”


    Sí... adoraba aquella canción. Nigthmare.
    Casi finalizando mi parte favorita, llamaron a la puerta. Me levanté a regañadientes estando segura de que sería la rubia teñida. Cuando abrí, estuve a punto de volver a cerrar. No podía quitar la mirada de él por miedo a que desapareciera. Las fuerzas me abandonaron. No había cambiado nada en aquellos dos años. Seguía teniendo el mismo pelo, la misma mirada, la misma sonrisa… Por un momento tuve la sensación de que volvía a estar en ese horrible parque cuando no me quedó más remedio que mentirle.

    -         ¿Qué haces aquí? Pensé que estabas en la universidad. – acerté a decir.
    -         Terminé la semana pasada. Me convalidaron la mayoría de mis estudios, y al final todo se quedó en dos años.
    -         Me alegro muchísimo. Y… ¿qué piensas hacer ahora?
    -         No estoy seguro. Me ofrecieron continuar mis estudios en Nueva York, pero no me convence. Bueno, ¿no vas a darme ni dos besos?

    Roja, accedí a su petición. Parecía que me estaba volviendo estúpida por momentos. Le invité a pasar, nos sentamos y comenzamos a hablar como si fuese un día cualquiera mientras Avenged Sevelfold nos acompañaba a un volumen más moderado. Hubiese dado lo que fuera porque fuese eso, un día más. Pero no lo era. Estaba segura de que sería el primero en mucho tiempo, y el último de muchísimo tiempo más. Cada vez estaba más asustada porque la mentiría de aquel día me quemaba la garganta obligándome a confesar. Después de dos horas… ya no pude más.

    -         Oye… ¿y de novias que tal andas?
    -         Ya decía yo que estabas tardando mucho en contestar. Tenía que salir la maruja que todas las mujeres lleváis dentro.
    -         Bueno, pues no contestes. ¡JUM! Olvídalo.
    -         Anda, no seas tonta. – me dijo mientras me daba un pequeño abrazo – No sé. No tengo novia. No me he interesado mucho por las chicas, la verdad. Quería terminar mis estudios cuanto antes.
    -         ¿Por qué?
    -         Para poder volver pronto.
    -         Yo… tengo que confesarte algo.
    -         Uff. Me das miedo cuando dices esas cosas.
    -         Te he mentido.
    -         ¿No estás trabajando? ¿La casa no es tuya? ¿Te has vuelto feminista?

    Nos reímos.

    -         No. Más bien sería… te mentí. En pasado.
    -         No te entiendo.
    -         ¿Te acuerdas de aquel día en el parque?

    Su mirada se ensombreció y se puso muy serio.

    -         Sí.
    -         Pues… cuando te dije que no te quería… te mentí.
    -         ¿Por qué hiciste eso? – Preguntó sorprendido y enfadado a la vez.
    -         Pues porque… - las palabras se quedaban atascadas en mi boca sin decidirse a salir - …. Porque si no te hubieses quedado. No  hubieses seguido tus estudios. No hubieses seguido con tu vida…. Creí que esa opción era la mejor. Que tu sueño era lo más importante.
    -         Mi sueño es estar contigo. Tú eres lo más importante en mi vida.

    Le miré insegura. Por una vez en mucho tiempo tuve algo de esperanza. Tuve la esperanza de que se quedase conmigo, y me permití el lujo de sonreír sin miedo y abrazarle cumpliendo un pequeño-gran sueño.

    Princess_of_Hell

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