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    Fantasmas Del Ático

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    jueves, 23 de diciembre de 2010

    ¿Sólo un sueño? (Cuarta parte)

    Como contrapartida a la sensación con la que me desperté la vez anterior, antes de abrir los ojos de nuevo ya sabía que estaba a oscuras. Seguía estando acostada sobre algo blando, pero ya no me costaba respirar, ni estaba envuelta en una camisa. A lo mejor habían decidido que ya no la necesitaba. Con mucho miedo abrí los ojos poco a poco pensando en que estaría en la misma habitación vacía. Pero no. Me entro el pánico. ¿Dónde me encontraba ahora? La habitación también era blanca pero… tenía dos puertas. En una de ellas se veía un pasillo, estaba abierta, y en la otra se dejaba ver parte de lo que supuse que sería un baño. Yo estaba tumbada en una cama con varios cables alrededor, conectados a diferentes maquinitas. Al lado de la cama, junto a una ventana que tenía la persiana bajada, había un sillón en el que estaba mi madre. Bueno, era muy normal. No, espera. ¿Estaba mi madre?
    Hospital…
    Intente moverme y la cama crujió delatándome. Mi madre se despertó al instante y me miro con ojos preocupados.
    -         ¿Estás despierta cariño?
    -         Eso creo. ¿Estoy en el hospital?
    -         Si. Llevas dos días inconsciente.
    -         ¡¿Qué?!
    -         Según Anne fuiste con ella a la fiesta de cumpleaños. Viste a Eliot con otra y te fuiste sin decir nada a nadie con una botella en la mano. Preocupada porque no volvías, fue a buscarte y te encontró en un parque cercano, en un banco, en coma etílico. Llamo a urgencias y me llamo a mí en seguida. Te han tenido que hacer un lavado de estómago y hasta ahora no has despertado. Y…
    -         ¿Y?
    -         ¿Por qué lo hiciste?
    -         Sinceramente…. No lo sé.
    En ese momento entro Anne por la puerta. Mi madre y ella se miraron y se dijeron algo con la mirada que yo no puede entender. Solo pude observar como mi madre se iba y nos dejaba solas.
    -         ¿Cómo te encuentras?
    -         Supongo que bien. ¿Qué pasa?
    -         Tu madre te ha puesto al corriente de todo menos….
    -         ¿Menos?
    -         Cuando te fui a buscar, Eliot vino conmigo. No pude impedírselo. Estaba obsesionado con que tenía que hablar contigo. El caso es que cuando te vimos en ese estado… se quedo blanco y no pudo reaccionar. Se sentó a tu lado y no se movió de  allí hasta que vino la ambulancia a buscarte. Cuando nos quedamos solos, dijo que iba a por su coche. Me negué en rotundo, porque con el alcohol que había bebido no era seguro que cogiese un coche. Además, estaba muy afectado y preocupado por ti aunque cueste creerlo. Entonces me pregunto que qué le dirías tu que hiciese después de lo que había pasado. No sabía que contestarle. Evite mirarle a la cara. Por un lado sabía que al igual que yo tampoco le dejarías por el simple hecho de que le seguías queriendo y te importaba. Entonces, algo hizo que mirase a la lejanía y vi como unos chicos se peleaban y uno de ellos sostenía una navaja. Opte por contestarle la segunda de las opciones. Le dije que tal y como estabas, le dirías que cogiese su coche y se matase.
    A llegar a ese punto de la historia Anne comenzó a llorar. La acaricie el brazo para animarla a seguir.
    -         Te juro que no creí que se lo tomaría en serio. Lo siento muchísimo Ellie. Eliot cogió el coche y tuvo un accidente. La policía sospecha que fue él el que lo provoco. Mañana le entierran.
    -         …………………. Sólo tengo una pregunta. ¿Cómo era la navaja que viste?
    -         ¿Cómo?
    -         La navaja. ¿Cómo era? Recuerda por favor.
    -         Pues… era más grande de lo habitual. Tenía el mango blanco y parecía muy afilada.
    La sonreír sin ganas intentado disimular el miedo que me estaba entrando por momentos. Cuando me quede sola, llegue a la conclusión de que el episodio del psiquiátrico no había sido del todo un simple sueño. Una voz me hablo de verdad. Estuvo la vida de Eliot en mis manos de verdad. Yo había condenado a Eliot cuando tome la decisión de matarle. Yo había hecho que Anne viese el cuchillo que en el sueño estaba en mis manos, y  había hecho que contestase la respuesta equivocada. Por mi culpa… Eliot estaba muerto. Al final era verdad que lo había matado.

    Fin
    Princess_of_Hell

    miércoles, 22 de diciembre de 2010

    ¿Sólo un sueño? (Tercera parte)


    ………..
    …………………………
    ………………………………………
    Demasiado silencio. Demasiado cómoda. No recordaba qué había pasado, pero sí recordaba un ambiente hostil, y por lo que me hacía llegar mis sentidos, el lugar donde me encontraba no correspondía con ese marco.
    Tenía un dolor de cabeza tortuoso, y toda la luz blanca que parecía rodearme me molestaba. Con un esfuerzo tremendo conseguí abrir los ojos y ver donde me encontraba. Blanco. Solo blanco.
    Aterrada ante la imagen, me incorpore de inmediato, algo de lo que me arrepentí segundos después. Estaba en una habitación cerrada, sin ventanas, de paredes acolchadas… una palabra me vino a mi mente.
    Psiquiátrico…
    Imposible. Era imposible. ¡Sólo me había emborrachado!
    Psiquiátrico, psiquiátrico, psiquiátrico, psiquiátrico…
    Una puerta. Había una puerta. Me ayude de la pared para levantarme y conseguir llegar hasta ella. Nada más alcanzarla comencé a golpearla con todas mis fuerzas mientras gritaba sin poder evitarlo, de pura desesperación.  Algo llamó mi atención y al darme la vuelta vi como de forma incomprensible salía humo de las paredes. ¿Humo? A los segundos no sólo veía humo, sino también fuego. Poco tiempo después toda la habitación estaba en llamas. Me costaba respirar y no paraba de toser.
    Mátalo…
    Acabe en el centro de la habitación aterrada.
    MÁtalo…
    Comencé a chillar.
    MÁTalo…
    Seguía chillando.
    MÁTAlo…
    Me tape los oídos para no escuchar.
    MÁTALo…
    Seguía escuchado la voz.
    MÁTALO…
    -         ¿A quién? – grite a la desesperada.
    A ÉL…
    Una imagen de Eliot con Tamara apareció entre las llamas.
    Mátalo…
    Se estaban besando.
    Mátalo…
    Una rabia y un odio desconocido crecio dentro de mí y me animaba a seguir el consejo de la voz.
    Mátalo…
    Me había traicionado.
    Mátalo…
    Puede que se lo mereciera. O conmigo o con nadie.
    Mátalo…
    Se lo merecía.
    -         Mátalo.
    Dijimos los dos a la vez. Sin saber cómo, tenía un cuchillo entre mis manos.
    -         Lo mataré- Afirme.
    Yo te ayudare…
    Dijo la voz triunfal. La puerta se abrió y Eliot entro por ella al infierno. Yo levante el cuchillo y el al verme puso cara de terror. Comencé a avanzar hacia él cuando grito:
    -         ¡Ayuda!
    Esa voz… no era de Eliot. Cerré los ojos y cuando los volví a abrir, en su lugar, había un hombre de blanco que no había visto en mi vida, y el fuego había desaparecido. Todo volvía a estar en orden excepto el cuchillo que seguía en mi mano. Minutos después estaba rodeada de personas que hablaban rápido, con palabras incomprensibles, haciendo desaparecer el arma de mi vista y encerrándome en una camisa de fuerza. No podía moverme, me costaba respirar. Vi cómo me acercaban la jeringuilla más grande que había visto en mi vida. Sentí como el líquido se repartía por mis venas, como mi cuerpo lo aceptaba, y observe como me dejaban sola, olvidada, en un rincón de la habitación.
    Me quede pensando. Todo había transcurrido demasiado deprisa como para que mi cerebro recordase los detalles. ¿Desde cuándo tenía instintos asesinos?
    Poco a poco, mis neuronas iban dejando de funcionar.
    A lo mejor era verdad que estaba loca y era un peligro social. Si era verdad no tenía ningún interés en seguir con vida. ¿Para qué? En cuestión de horas toda mi vida estaba patas arriba.
    Mis neuronas seguían apagándose, y aprovechando el sueño y el cansancio que tenía, me quedé dormida.

    Princess_of_Hell

    martes, 21 de diciembre de 2010

    ¿Sólo un sueño? (Segunda parte)


    Sin ser consciente del tiempo, en un periodo que se me hizo eterno, acabe en medio de la fiesta felicitando a la cumpleañera. A mi alrededor se desplegaban un sinfín de colores repartidos en globos, lazos, guirnaldas… para mi gusto estaba todo sobrecargado de adornos. No solo la casa, sino también todas las personas que había en ella. Nunca había visto a tanta gente junta con tan poca ropa en una estación que no fuese verano. Eché una mirada más detallada para comprobar a cuantas personas conocía cuando…
    -         Ellie, ¿qué te pasa? Te has puesto rígida de repente.
    Sólo fui capaz de levantar mi brazo, que de pronto pesaba muchísimo, y señalar a una pareja que se encontraba al extremo de la habitación besándose.
    El chico era considerablemente más alto que la chica que estaba abrazada a él como si su vida dependiese de ello. Gracias a Dios llevaba una falda, más parecida a un cinturón, y un biquini. ¿Quién podía vestir así en pleno diciembre? Tamara. No podía ser otra. Poco a poco fui sintiendo mi cuerpo más ligero, tirando de mí hacia esa dirección, y una determinación increíble que me ayudo a decirles un par de cosas a esos dos personajes. En cuatro pasos ya estaba delante de ellos preguntando:
    -         Siento interrumpir, pero me preguntaba si os lo estáis pasando bien.
    Mi voz sonó peligrosamente calmada. Eliot aparto bruscamente a Tamara y ella se recompuso como pudo.
    -         ¿Qué haces aquí?
    -         No sé cariño. Es que me aburría en casa sola y me pareció adecuado pasarme por aquí.
    -         Podrías haberme avisado.
    -         Hace tres minutos a lo mejor tendrías derecho a decirme eso, pero ahora, está totalmente fuera de lugar. Creía que vendrías con tus amigos.
    -         Yo…
    Le mire a los ojos y no vi ni un atisbo  de arrepentimiento en ellos. Intento acercarse.
    -         No me toques.
    -         No te enfades, que tampoco es para tanto.
    -         Supongo que eso lo dirás porque no eres lo suficientemente inteligente como para pensar en qué sentirías en una situación parecida.
    Me di la vuelta para marcharme y me sorprendí al ver que todo el mundo nos miraba. Intentando ignorar a todos esos ojos curiosos, me dirigí hacia la puerta cogiendo una botella de Absenta por el camino.
    Una hora después estaba sola en un parque, en medio de nada, mirando a la botella como si fuese la culpable de todo. El número 70 destacaba junto al nombre y me invitaba a probarlo. Sin pensar demasiado lo que hacía, usando el tapón como vaso, lo llene de ese líquido transparente y me lo bebí. Casi automáticamente estaba sintiendo que me ahogaba mientras me ardía la garganta. Después de unos segundos, todo pasó tan rápido que creía que no había pasado. Me sorprendió encontrarme feliz. Me sentía fatal, pero el hecho de estar unos segundos luchando por respirar, hacía que la sensación que te quedaba cuando todo acababa hiciese que me sintiese bien. Asique poco a poco, la botella se fue vaciado en mis manos. Hubo un momento en el que todo a mi alrededor comenzó a dar a vueltas y parecía que estaba en medio de un parque de atracciones. Me reía de vez en cuando sin ser demasiado consciente de ello. Parecía que a cada trago había superado una prueba, una aventura, una hazaña como las que hacía Don Quijote.
    De pronto, toda la jovialidad la sustituí por cansancio. Todo lo que hacía segundos parecía maravilloso, se volvió borroso, inexacto, incierto. No fui realmente consciente de lo que me rodeaba, de cómo la botella resbalaba por mi mano porque no tenía la fuerza suficiente para sujetarla, como llegaba al suelo, el ruido que hizo al romperse. Todo sonaba demasiado lejano, ajeno… sin ser capaz de mantenerme derecha un poco más, el banco en el que me encontraba sentada comenzó a estar más y más cerca hasta que todo se volvió negro.

    Princess_of_Hell

    lunes, 20 de diciembre de 2010

    ¿Sólo un sueño? (Primera parte)


    Me habían invitado a una fiesta. Era el cumpleaños de una amiga de la universidad y había conseguido tener la casa para ella sola todo el fin de semana. No sabía si ir. Sabía de sobra que iba a haber alcohol, que todo el mundo acabaría borracho y yo en medio del zoo con complejo de niñera. La idea no me atraía en absoluto, asique llame a mi novio y le dije que no asistiría y le propuse un plan alternativo. Cuando me contestó que él si iría a la fiesta porque ya había quedado, me extraño un poco, pero no le di demasiada importancia. Estaba pensando en darme una ducha y como de costumbre, de forma automática, sonó el teléfono. Estaba segura de que era Anne. Siempre tenía el don de la oportunidad.
    -         ¿Has decidido ya si vas a ir a la fiesta?-preguntó nada más descolgar.
    -         Si Anne, yo también me alegro de escuchar tu voz.
    -         No te enfades. Es que tengo prisa porque tengo algo que contarte. ¿Vas a ir o no?
    -         Pues no, me quedo en casa.
    -         Lo sabía…-dijo con su tono marisavidillo que la caracterizaba.
    -         ¿Qué pasa?
    -         Nada bueno. - De pronto estaba seria. – Ven a mi casa en media hora. Tenemos que hablar y además tienes que ayudarme a comprar un vestido para la fiesta.
    Sin darme tiempo a responder me colgó. Después de 10 años como amigas, sabía que era importante. Suspire, me cambie de ropa y salí cogiendo las llaves hacia su casa.
    -         ¡Menos mal que has llegado! ¿Por qué has tardado tanto?
    -         No seas melodramática. He llegado 10 minutos antes de la hora que me has dicho.
    Me miró con cara de pocos amigos, cogió mi brazo, tiró de él y hasta que no llegamos a su cuarto y cerró la puerta no me soltó.
    -         Ellie… ¿confías en mí?
    -         Menuda pregunta tan estúpida. ¡Claro!
    -         Es que… lo que tengo que decirte no sólo es difícil de creer sino también de contar.
    -         ¿puedes soltarlo ya? En serio, me estas preocupando.
    Anne estaba nerviosa, pero al final se atrevió a contarme que la chica que peor me caía, la bruja de la clase, iba a ir a la fiesta con mi novio, y que él estaba esperando a saber si yo iba para actuar.
    -         ¿Estás segura de lo que me has contado?
    -         No del todo, pero creo que hay un 80% de probabilidades de que sea verdad. Por eso te lo digo. Tienes que ir a la fiesta.
    -         Ya…
    -         ¡Alegra es cara! Te vas a venir conmigo de compras, te vas a poner un vestido de escándalo, vas a ir a la fiesta y vas a pillar a ese imbécil para que puedas dejarle en ridículo delante de todo el mundo. Contigo no se juega.
    -         Tienes razón
    Sonreí y le di un abrazo. No sé qué haría sin ella.
    Una hora más tarde me encontraba en la tienda favorita de mi amiga, encerrada en un probador, con al menos siete vestidos esperándome. Después de probarme media tienda, elegí uno, pero ni siquiera me moleste en mirarme al espejo. Quede con Anne a las ocho y me fui a casa para arreglarme. Deje tres bolsas sobre la cama. Una con el vestido, otra con los zapatos y la última con los complementos que me habían llamado la atención.
    Me di un largo baño para intentar relajarme, pero fue imposible. Había conseguido pasar una tarde bastante agradable sólo porque no había estado sola. Pero en ese momento, mientras el agua caía sobre mi cara, todas las palabras de aquella tarde retumbaban en mi cabeza. Una parte de mi se negaba a creer lo que me había dicho, pero por otro lado, en el fondo, sabía que era verdad. Se me escaparon algunas lágrimas que quedaron disimuladas al mezclarse con las gotas de agua, cuando tome la decisión de que si no era verdad, no merecía la pena precipitarse, y en el caso de serlo, tampoco valdría la pena derramar ninguna lágrima por alguien así.
    Salí del baño con una toalla, me senté en la cama y comencé una lucha contra mi pelo. Era tan largo que me costaba horrores peinarlo. Me lo seque con el secador para conseguir un efecto planchado sin necesidad de hacer nada especial. Me maquillé de forma sencilla, porque no era amiga de las pinturas, sacando partido a la zona de los ojos.
    Saque el vestido de la bolsa y lo deslice sobre mi cuerpo. Era suave al tacto, pero difícil de atar. Después de unos quince minutos, conseguí ajustarlo bien y descubrir cómo se caminaba con los zapatos más altos que había visto en mi vida sin correr el riesgo de caerme al suelo. Al final me había sobrado un poco de tiempo, y para evitar ponerme a pesar, acabé mirándome al espejo. Reconozco que al principio la chica que me devolvía el reflejo parecía otra. Lucía un vestido de un precioso color morado, de palabra de honor, que terminaba como un corsé en la espalda. Era bastante corto para mi gusto, con mucho volumen, dibujando dos cascadas a diferentes alturas. Al final de mis piernas largas y estilizadas se encontraban unos zapatos negros de ante de siete centímetro. Mis ojos verdes, piel pálida y el pelo negro que me caía hasta el final de la espalda, me daba un aire vampírico que me encantaba. Fascinada conmigo misma, no puede evitar sobresaltarme cuando llamaron a la puerta.
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