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    Fantasmas Del Ático

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    sábado, 11 de enero de 2014

    En blanco.



    Peluche de alguna forma siempre quedó un poco ridículo para tu físico. ¿No crees? Pero siempre que he intentado mirar más allá de ti es esa la palabra que se me viene a la mente. 

    A veces un café con leche a primera hora de la mañana no es suficiente para pensar que será un buen día. A las pocas horas ya estas igual de agobiado, estresado y asfixiado. Con las mismas ganas de abandonar todo sin pensar en las consecuencias. Sin tener en cuenta quién, ni cómo, ni por qué. 
    Desaparecer. Caminar sin rumbo de forma errática hasta llegar a alguna parte donde puedas quedarte en blanco y disfrutar de la sensación. Borrar la sonrisa barata que compraste en la tienda de la esquina. Que el mundo se vuelva oscuro para no deslumbrarnos al darnos cuenta de que las cosas suceden más rápido de lo que nosotros podemos asimilar. 


    Si, puede que peluche suene en un principio ridículo... Pero es algo que me gustaría tener para abrazar porque sé que no hará preguntas muy complicadas.

    Porque sé que es igual que el camino.
     Errático.
    Porque sé que no está.
    Porque cuando miro más allá de ti...
    me quedo en blanco y
    mengua la sensación de caída. 


    miércoles, 21 de marzo de 2012

    Necesito Respirar


    Necesito correr, necesito viajar, necesito escapar, respirar, tranquilidad. Necesito esconderme, camuflarme, disfrazarme. Quiero tranquilizarme, serenarme, dejar de ahogarme.
    Quiero un tren, soledad, agua, aire, arena y sal. Quiero una magnifica Torre Eiffel en medio del mar. Quiero una historia ajena que me puedan contar las gaviotas al pasar.
    Necesito distanciarme, aislarme, parar.
    Socorro, estoy en un bucle del que no sé escapar.
     

    sábado, 10 de diciembre de 2011

    Hasta que desaparezca el Oxígeno

    A veces no nos damos cuenta de cuánto nos importa una persona hasta que  no nos sorprendemos a nosotros mismos derramando algunas lágrimas por ella.
    Una noche más acumulada sin dormir, atrapada en un limbo extraño entre los sueños y la realidad, descansada y agotada a la vez, amaneciendo encogida, como protegiéndose de algo, abrazada a sí misma y con una ligera molestia en el pecho. Nada nuevo. Nada sorprendente. Un día más que amanece gris acompañando a su estado de ánimo. Un día más en el que se hace visible el hueco oscuro y vacio que anida en su pecho de forma continua.
    “¿Alguna diferencia?” Se pregunta a sí misma mirando a las nubes.
    Si.
    La diferencia existe en ese pequeño punto de equilibrio en el que medimos la importancia que le damos a las cosas. En esa fina y casi invisible línea que delimita el punto exacto en el que todo te comienza a dar igual. Esa línea que había cruzado sin ser demasiado consciente de ello.
    Intenta respirar hondo sin que le duela y pide un deseo. Pide tener alas que le permitan alejarse de los monstruos que se empeñan en no darla más de una semana de paz, que le permitan dirigirse hasta las nubes que tapan el sol y la luna, que le permitan tocarlas, atravesarlas y seguir subiendo perdiéndose en la nada y el vacío del cielo azul hasta que llegue un punto en el que también desaparezca el aire para respirar.

    Contéstame a una cosa. Si tienes todas esas “pesadillas” desde el principio… ¿qué harás cuando pase el tiempo y el daño sea irreparable? Hay cosas que mi pequeña y desequilibrada mente es incapaz de comprender.

    Princess_of_Hell

    martes, 20 de septiembre de 2011

    Esta vez el Mar

    Sí, es verdad, las calles de París son una buena opción para dejarse llevar y perderse entre la gente, los edificios, la lluvia, el ambiente, el idioma... Olvidar todo, encontrarnos al final de una calle, pasar por delante de la ópera y soñar que creas melodías únicas medio escondida entre los demás instrumentos de la banda. No conocer a nadie, no dar explicaciones, estar sola pero acompañada a la vez.

    Aún con todo... he descubierto un sitio mejor. El mar. Sueño con perderme entre las olas del mar. Salir de noche del puerto, que la luna se mire en ese precioso espejo negro, ver como las luces de la ciudad se pierden poco a poco en el horizonte, dejar de divisar tierra, no escuchar más que el sonido de las olas chocando con la proa del barco. Mirar al cielo y verlo conquistado de estrellas, seguir la dirección del viento con un velero de madera, ser uno mismo sin tener al lado la presión de la sociedad.

    Sí... quiero perderme en la inmensidad de la nada y el todo, coger un billete sin retorno, soñar que los problemas y las complicaciones son para los demás, hacerme amiga de un delfín y contemplar miles de atardeceres sin miedo ha hacerlo sola.



    Princess_of_Hell

    sábado, 14 de mayo de 2011

    Esta vez entre las Sábanas

    Esta vez quiero perderme entre las sabanas de mi cama, que me acaricien la piel y me protejan del horror. Quiero estudiar las arrugas caprichosas que dibujan a su antojo. Quiero que me ayuden a olvidar el estrés y que me acunen para que me introduzca en un sueño del que no quiero despertar. Quiero notar su suavidad, hacerme su amiga y firmar con contrato con ellas para que no tenga que irme nunca. Quiero que me ayuden a dejar la mente en blanco. No quiero pensar en nada. Ni en el instituto, no en las integrales, ni en los amigos… Ni en ti. Tampoco quiero pensar en ti. Porque últimamente solo me duele el corazón cada vez que lo hago. Porque siento que el futuro cercano esta a punto de caerse a pedazos.

    Sí… quiero perderme entre las sábanas de mi cama. Que solo existan ellas y yo… y entonces el mundo entero desaparezca.



    Princess_of_Hell

    domingo, 24 de abril de 2011

    Fantasía Lunática

    Sigo queriendo perderme. Sigo queriendo ir a cualquier calle de cualquier ciudad donde nadie me encuentre. Pero no puedo, algo no me deja hacerlo. Tengo valor, osadía, y me de igual lo que la gente pueda pensar de mí. Por algo vivo en  el infierno, ¿no? Pero me falta algo. Puede que en el fondo sea demasiado realista y vea que es eso, una simple fantasía rota.


    Estoy en la playa hundiendo mis pies descalzos en la arena mientras miro al mar y me pregunto cuándo y con qué dirección.
    A lo lejos veo una figura. Observo como una chica de mi edad se acerca sin prisa. No la conozco, pero por otro lado se me antoja muy familiar. En el momento en el que nuestros caminos se cruzan, nuestras miradas coinciden. Algo me dice que es ella. No sé cómo pero lo sé, porque cuanto más la miro más convencida estoy. Entonces me doy cuenta de qué es lo que me falta. Locura. Eso es lo que necesito. Un poquito más de locura. ¿Y ella? No sé qué es lo que le falta a ella. A lo mejor es valor… ya que me mira desconfiada.
    ¿Cuándo? Ahora o nunca. Un reloj imaginario comienza a tomar forma en mi mente marcando el transcurso del tiempo.
    Extiendo la mano convencida de que va a seguir su camino, pero me sorprendo al ver que la acepta dándome la suya.
    Parece un momento especial, y como en las películas, tenemos banda sonora de fondo. El mar.

    -         ¿Hacia dónde?

    Pregunta bajito. Sonrío. Es una buena pregunta.
    Miro al horizonte intentando recopilar en segundos lo poco que sé de ella. Entonces, recuerdo la torre Eiffel. La que tiene en esa foto que tanto me llamó la atención en su día.

    -         París.

    La contesto segura. Me devuelve la sonrisa.
    Varsovia y Londres tendrán que esperar. Pero no me importa, porque solo tengo un objetivo. Perderme.
    Comenzamos a caminar hacia la estación sin soltarnos las manos. ¿Por qué? Porque así ella se asegura de que yo no me voy a ir porque crea que no merece la pena, y porque yo me aseguro de que ella no echa a correr arrepentida.
    Compramos los billetes. No nos sentamos juntas, sino una en frente de la otra. Siempre fieles a lo que queremos. Caminar solas por calles desconocidas. Pero entonces… ¿por qué vamos las dos al mismo sitio? Pues por eso. Porque  no nos conocemos. Porque no sabemos nada la una de la otra excepto lo que dicen nuestras historias. Porque somos dos desconocidas. Porque yo iré por una calle. Porque ella irá por otra. Porque nos cruzaremos y no nos conoceremos.
    Porque sí, es verdad, queremos estar solas y perdidas, pero siempre ayuda saber que a lo mejor cuando llegues al final de la calle puedes tener esperándote una cara conocida que no te va a juzgar por lo que estas haciendo.
    El tren se pone en movimiento.
    ¿Cuándo? Ahora
    ¿Rumbo? París.


    Mi madre me llama devolviéndome a la realidad. Abandono mi terraza con vistas al campo para ir a ver qué quiere. Mientras tanto le sigo dando vueltas a la película a la que acabo de dar forma y no me parece una idea tan descabellada.

    Si ella quiere, no estaría mal irnos algún día juntas  para perdernos en París. Dos perfectas conocidas-desconocidas.

    Qué locura, ¿no?

    Si quieres... algún día.


    [Un locura más como muchas otras. No te la tomes en serio si no quieres.
    Simplemente, fue algo que se me ocurrió]

    Princess_of_Hell

    viernes, 15 de abril de 2011

    Ganas de Perderse

    Harta del mundo, harta de la rutina. Harta de la sociedad que nos ata a unas concretas normas de conducta. ¿Qué pasa si decides faltar unos días a clase? ¿Qué pasa si desapareces unos días de casa olvidándote del mundo y de las obligaciones que te impiden alcanzar esa libertad que tanto ansías pero que se te resiste? Los días son pura rutia. Una rutina que con el tiempo te empieza a ahogar.
    Cansada pero insegura. Con miedo. Agobiada.
    Sueño con que una mañana en vez de libros, sea dinero e ilusión lo que ocupe espacio en mi mochila negra. Que en vez de coger un autobús con rumbo al instituto, sea un con rumbo a una estación o un aeropuerto. Poder irme lejos, muy lejos, donde nadie me conozca. Olvidar el móvil en algún sitio. Ir hasta París, o hasta Londres, o hasta Varsovia. Cualquier destino de esos me es válido.
    Ir a Paris o a Londres y visitar sus famosos cementerios. Esos que me fascinan cuando los veo en fotos. Pasear sola, en silencio entre sus tumbas. Saber que nadie va a encontrarme y que yo no me voy a encontrar con nadie. Estar lejos del ruido, respirar y mirar al cielo sin tener que pensar que la selectividad está a la vuelta de la esquina.
    Ir a Varsovia y cumplir uno de mis sueños. Pasear entre las calles descritas en uno de mis libros favoritos. Ver esa ciudad que me enamoro a pesar de su poca popularidad. Navegar río abajo y ver el mar. Pensar en Laura y Andrés, aquellos personajes del libro que me llevaron a cuestionar si todo lo que se decía en él era verdad.
    Sí, ojala algún día pueda tener el valor y el dinero suficiente como para olvidar las horrendas normas que dirigen nuestras vidas y coger esa mochila y ese billete para perderme entre las tumbas o las calles de alguna ciudad no señalada en los mapas.

    LiBrO:
    Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia.
    Lorenzo Silva


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