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Fantasmas Del Ático

domingo, 12 de junio de 2011

Kiss Me (XIII)

Sabía que aquellas palabras la habían dolido. Sabía que la había hecho daño. Pero es que toda paciencia tiene un límite… y una cosa era ir con tranquilidad, y otra era que ni siquiera supiese qué era lo que de verdad pensaba o sentía ella. Era tan abstracta…
Nos quedamos en silencio. Poco tiempo después nos trajeron dos platos.

-         ¿Estás de broma? – pregunté realmente sorprendido sin acordarme por unos segundos de lo que acaba de pasar.

Me echó una mirada asesina y solo dijo.

-         Come y calla.
-          Pero es que resulta que los espaguetis a la carbonara los como bastante a menudo.
-         Nunca has comido nada parecido a esto.

Y se puso a comer haciendo que no existía.
La cena transcurrió sin mucha más conversación. Le reconocí que la que la comida estaba riquísima, de hecho, tenía razón. No eran unos espaguetis normales. Tenían algo especial, y no puede identificar qué era. Pero cuando le reconocí su victoria, en vez de ver esa expresión de triunfo en sus ojos de caramelo, lo único que tuve como respuesta fue un leve asentimiento de cabeza, y la media sonrisa más triste que había visto en mi vida. Cuando terminamos, Cris se acercó a ella, y puede escuchar que le decía: “Estoy seguro de que en Highgate encontraras la respuesta. Solo necesitas tiempo pequeña”. Después de eso y una sonrisa sincera, se despidió de él y salimos del local sin pagar.

-         ¿Siempre cenas gratis?
-         Sí.
-         Pues que suerte.
-         Si tú lo dices….
-         ¿Se puede saber qué es exactamente lo que te pasa?
-         No sé ni cómo te atreves a preguntarme eso.

Se metió en el coche. Conducía deprisa. Parecía que tenía prisa.

-         ¿Te corre prisa deshacerte de mí?
-         Has sido tú el que ha dicho que perdíamos el tiempo.

En las dos últimas palabras… en serio. ¿Siempre sería igual de idiota? Quería ocultarlo, pero un par de lágrimas le estaban resbalando por la mejilla. Me sentía fatal. Lo último que quería era verla llorar. Y mucho menos por mi culpa.

-         No me haces perder el tiempo.
-         Déjame en paz.
-         No. Ahora lo que vas ha hacer es callarte y escuchar. Yo lo estropeo todo ¿no? Bueno, pues yo lo arreglo.
-         No quiero que arregles nada. Y mucho menos con tus mentiras.
-         Metete una cosa en la cabeza. Yo nunca te he mentido. Así que me vas a escuchar. No te voy a decir que me retracto de lo que ha pasado antes, porque de verdad pienso eso. Pero no en un sentido tan estricto. Es decir, que no considero que este perdiendo el tiempo contigo, o malgastándolo cuando vamos juntos al teatro, cuando te veo bailar, o cuando tenemos esas conversaciones absurdas. Al contrario… es algo necesario para que dos personas se conozcan y además, contigo cada cita es especial, diferente. Siempre me supone un nuevo reto. Y no las cambiaría por nada. Pero por otro lado, sí que considero una pérdida de tiempo considerar a esto cita, y no una simple quedada de amigos, si tu no tienes ninguna intención de darme una oportunidad. Sí que considero una pérdida de tiempo decirte lo mucho que me importas si yo a ti no te importo nada. Y sí que considero una pérdida de tiempo intentar pasar las vacaciones contigo cuando tú lo único que haces es sacarle pegas a todo. Si pasas de mí, dímelo. Seguiremos quedando. Ya te he dicho que me gusta mucho pasar tiempo contigo. Además, tu pasado es fascinante… pero ya sabré que te tengo que sacar de mi cabeza cuanto antes.
-         Siento ser doña problemas.
-         No eres doña nada. Al menos no doña algo malo.

Las lágrimas habían cesado. Me hubiese gustado quitárselas, pero no me atrevía a tocarla. Todo se sumió en un incómodo silencio, pero no creía que esta vez fuese asunto mío encargarme de romperlo. Llegamos a su casa. Dejó el coche en el mismo sitio de antes. Si sus padres no habían llegado a casa, desde luego no se darían cuenta de que lo había cogido.

-         Me alegro de que te haya gustado la cena.
-         No solo me ha gustado la cena. Sino toda la tarde.
-         Bueno, pues ya quedaremos otro día… si quieres.
-         Hacemos una cosa, ¿de acuerdo? Tómate tu tiempo, y cuando sepas si me quieres solo como amigo llámame, me lo dices, y te invito al parque de atracciones.

Asomó una tímida sonrisa. Me acerqué, le di un beso en la frente. Me encantaba besarla así. Parecía una niña tan pequeña….

-         Cuídate.

******

Se estaba alejando. Me estaba comportando como una estúpida, pero sus palabras me habían hecho daño… aunque más bien lo que me había dolido era la verdad que escondían sus palabras. ¿Tanto miedo me daba volver a equivocarme? Cris tenía razón, necesitaba pasar la noche en Highgate. Eso me ayudaría a pensar. Pero puede que para entonces fuese tarde…

-         Pero… ¿qué estoy haciendo? – susurré para mí misma.

¿Desde cuando era precavida? Desde nunca. Además… total, si tenía que irse, si al final me iba a abandonar como “peluche”… entonces mejor que me dejase con una sonrisa en la cara y no con el recuerdo frustrado de unos labios que no sabía a qué sabían. Entonces… a la vez que tomaba la decisión… me acordé de aquel papel.

-         Lucan ¡espera!

Se dio la vuelta sorprendido y yo corrí hasta alcanzarle.

-         ¿Qué quieres Nalla?
-         Yo… - me puse roja – espera un momento.

Me puse a buscar el papel frenéticamente en el bolso, y cuando lo encontré… me lo pegué en la boca como había hecho él en aquella primera cita.

-         Kiss Me… - susurró leyendo las palabras que él mismo había escrito.

Me quité el papel… me acerqué con cuidado… con miedo, aguantando la respiración… nuestras bocas estaban a centímetros de distancia. Él no se acercaba, pero tampoco se alejaba…. Acaricié sus labios con la punta de los dedos… y le besé.  Sus labios eran suaves, perfectos y encajaban a la perfección con los míos. Antes de que pudiese perder el control de la situación me separé. Lo que quería con ese beso no era devorarlo como me pedía que hiciera mi cuerpo, sino darle una respuesta a esa pregunta que tanto miedo le daba. Sonreí sin poder evitarlo…. Me acerqué otra vez hasta que mis labios rozaron su oído cuando le dije:

-         Ahora… I win. Recuérdalo… yo siempre gano.

Le di un beso rápido en la mejilla, metí el papel en su bolsillo y desaparecí por la puerta de casa sin esperar respuesta. Tenía prisa… iba a ser una noche muy larga en Highgate.

"13...Un bonito número... para un momento así"


Princess_of_Hell

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