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Fantasmas Del Ático

domingo, 14 de agosto de 2011

Fantasma Intruso

Ha quedado comprobado que todavía queda mucho camino hasta llegar a la meta. Creía que más o menos tenía controlado lo que sentía, pensaba, o incluso imaginaba. Creía tener el poder y el autocontrol suficiente para pararlo. Pero como siempre, muestra una vez más su odiosa ingenuidad. Parece que las muñecas nunca aprenden.
¿De qué sirve desaparecer si él no desaparece? ¿De qué sirve echar a alguien que parece que se niega a marcharse?
Paisajes de ensueño, playas increíbles, atardeceres indescriptibles, acantilados imponentes…
De pie al borde de un acantilado, una playa y el mar a sus pies, el viento enredándole el pelo, el cielo anaranjado, amarillo y azul dando paso poco a poco, a cada segundo, al negro de una noche llena de estrellas. Aparentemente sola, perdida y con los ojos cerrados escuchando con atención aquellas palabras que las olas la susurraban al romperse y morir ante ella. Abre los ojos y tiene la sensación de estar casi en el paraíso. Solo casi. El viento cambia de dirección y parece que unos brazos se deslizan con cuidado, con miedo e inseguros por sus caderas hasta que al final se instalan alrededor de su cintura. Siente la calidez de un cuerpo envolviéndola desde atrás, reconfortándola. Fija la mirada en el horizonte, a la perfecta circunferencia solar. Y aunque la Luna la enamora, siente lástima al saber que pronto perderá a aquella estrella. La más grande e imponente de todas. Él se da cuenta de su pequeño suspiro y la susurra al oído:

-             ¿Quieres que te regale el sol?

Sí. Aquello era casi el paraíso. Pero por mucho que le gustara la idea, no podía borrar ese casi. Da un paso hacia delante separándose de él. Se da la vuelta y le mira. Al principio es capaz de ver al ángel caído que ella recordaba. Pero eso solo dura segundos… porque de pronto su expresión cambia, su postura, su aspecto, su aura… y se convierte en la mentira personificada. Una lágrima resbala por su mejilla. Le gustaría que las cosas hubiesen sido diferentes, pero no. Las cosas son como son. Le mira con odio. Odio por perseguirla a cada sitio bonito al que va. Odio por empeñarse en aparecer cuando casi había conseguido dejar de pensar en él. Se da la vuelta, le da la espalda. No quiere que vuelva a tocarla. Otra lágrima se la escapa al saber que tampoco puede evitar sentir anhelo. 

-             No. No quiero que me regales el sol. No quiero nada que provenga de ti y de tus mentiras.
-             Nunca me diste la oportunidad de pedirte perdón.
-             Tú lo has dicho. Nunca. La simple idea hace que me den náuseas. Vete.

Sabe el preciso momento en el que desaparece por esa odiosa sensación de soledad y añoranza. Nunca existiría el paisaje y ella. Siempre faltaría algo. Siempre faltaría él. Solo esperaba que el tiempo consiguiera hacer desaparecer a ese estúpido fantasma. Cierra los ojos, respira muy hondo y antes de seguir escuchado lo que las olas tenían que decirle, se acuerda de una frase que tenía que tener siempre muy presente:

“Al contrario que en el ajedrez, la vida continúa después del jaque mate”


Princess_of_Hell

2 comentarios:

  1. Es difícil deshacerse de los fantasmas, sólo el tiempo y mucha fuerza consiguen curar esas heridas...

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  2. ¡PRECIOSO!
    Nada es imposible, ese fantasma desaparecerá tarde o temprano.

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