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Fantasmas Del Ático

domingo, 27 de noviembre de 2011

Una Confesión más de una despedida Inexistente

Ni en tercera persona, ni en segunda, ni en pasado, ni en futuro… Esta vez solo la muñeca rota de trapo con una confesión como otras tantas… y siempre para la misma persona… solo que esta vez… no es un “lo siento”, ni una petición de perdón ni nada…
Despedida hacia algo que no existe pero que se puede tocar solo con la mirada.
“Los payasos también lloran, los payasos siempre fingen, los payasos encuentran el mayor de los escondites detrás de mucho maquillaje”
Hasta el personaje más fuerte puede estar vacío por dentro. Hasta la sonrisa más sincera puede estar llena de dolor, cansancio y sufrimiento. Hasta las palabras más inocentes pueden sumirte en la tristeza más absoluta.
Jugar a las muñecas es un juego de niños que olvidamos con el tiempo. Jugar a soñar mientras crees por un momento que eres diseñadora, veterinaria, que tienes la casa más bonita del mundo o que tienes el novio perfecto que te lleva en el coche rosa de Barbie a ver ese musical que te encanta y que siempre quisiste ver. Saber que todo es tan rosa como los muebles y permitirte imaginar cómo será ese futuro perfecto que creas durante esas largas horas en tu habitación.
¿Sabes una cosa? Yo soy tan infantil, tan estúpida, tan cría, tan ilusa… que sigo jugando a las muñecas. No literalmente, pues las tengo guardadas todas con muchísimo cariño… pero sí en mi imaginación. Sigo perdiendo las horas en mi habitación, tumbada en la cama sin mirar a nada en concreto, imaginando mi mundo lleno de rosa donde la casa de princesas es NUESTRA, donde me abrazas TU, donde eres TU el que me lleva a ese musical, donde eres TU el que me hace sonreír, donde eres TU el único chico de mi vida. Donde todo es tan genial que sé que es CONTIGO con quien pasaré el resto de mi vida. Que nunca me dejarás sola, que estarás siempre conmigo, que siempre seré tu princesa…
“¿Hasta dónde puede llegar mi nivel te estupidez?”
A pesar de todo, hasta hace unos días prefería vivir de esa ilusión. Prefería pensar que de verdad era posible que estuviésemos juntos en Madrid. Que de verdad estarías conmigo. Pero tuviste que llegar con tus confesiones y frases hirientes. Tuviste que decirme que es imposible que podamos estar juntos, que no quieres volver a hacerme sufrir.
“¿Pero es que no te das cuenta de que solo con saber que no estarás a mi lado ya me estás haciendo sufrir?”
 No voy a darle más vueltas porque siempre acabo con esas palabras en la cabeza. No sé si alegrarme o entristecerme de que seas realista, de que no vivas de los mismos sueños que yo. Tampoco sé si de verdad te crees esas palabras (en el fondo creo que no), pero sí sé que has conseguido que yo crea que te las crees. Estoy cansada de derramar lágrimas en silencio bajo el agua de la ducha. Estoy consumida por tal torbellino de emociones que me cuesta ver con claridad las jugadas que me salen por el camino. Me he dedicado a estar sentada, con los ojos cerrados, a esperar… a esperarTE en un banco en medio de nada, con la esperanza de que algún día te dignases a buscarme. Cuando el viento me hizo llegar tus desoladoras palabras…abrí los ojos y me di cuenta de algo. No puedo hablar del futuro, pero sí del presente. No puedo seguir perdiendo mi vida y mi tiempo por ti. Tengo que intentar hacerme a la idea de que solo serás mío el día en el que vayas al infierno.
“¿Sabes una cosa? Tengo miedo”.
He dejado que alguien que no eres tú entre en mi vida un poquito más de lo normal. Tengo miedo de jugar a las muñecas y tomar el personaje de la mala de la historia. Porque no sé qué pasará en un futuro… pero es que ahora siempre ganas tú. Necesito darme tiempo y de verdad creo que él ahora es la mejor jugada que tengo para intentar que no me afectes tanto. Para intentar quererte un poquito menos. Para conseguir dejar de llorar por ti. Sabes que en el fondo nunca me voy a ir, pero sí quiero irme de esos sentimientos que tengo hacia ti. Me gustaría que dejases de ser “todo” para ser “algo más”.
Entonces… ahora lo único que me queda para volver a tomar la imagen de “payaso” del principio…. Es colgarme un cartel que diga:
“Bienvenido a mi corazón. Disculpa el desorden… el último visitante no fue muy cuidadoso”.



[La frase del payaso es de un amigo (Gracias MARTIS), y la frase del final es una frase de desmotivaciones]

Princess_of_Hell

1 comentario:

  1. ahora soy yo la que se siente de la misma manera que tú al final del texto. Cuando llevas mucho tiempo esperando cosas que no terminan de suceder y decides intentar algo mucho más factible, más alcanzable... y tienes miedo. Típico texto de cierta película cuyo nombre no recuerdo. "A mi me da miedo todo. Me da miedo quién fuí, me da miedo quien soy y sobre todo me da miedo salir de esta habitación y no volver a sentir nunca lo que siento estando contigo".
    Respecto a lo de las muñecas, yo siemprem e inventaba historrias macabaras. Era una niña extraña, de esas que las desnudaban y les rompían las piernas.
    Un besito!

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