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Fantasmas Del Ático

miércoles, 2 de febrero de 2011

5 - Me debes un Beso

Frío. Tenía mucho frío. Me desabroche el traje para secarme e intentar dejar de tiritar. Varias personas del barco comenzaban a estar visiblemente mareadas. Era imposible hacer la segunda inmersión allí, asique decidieron ir a otro lugar. Me dolía la cabeza, y los saltos periódicos de la embarcación producidos por las olas, no ayudaban a que me sintiera mejor. Me dejaron una toalla, me senté en el suelo y echa un ovillo cerré los ojos. Los abrí unos minutos después e inconscientemente busque a Stefan con la mirada. Para mi sorpresa, estaba muy cerca.
-         Estás adorable. Me gustaría abrazarte y poder darte calor. – dijo acercándose para hacer solo nuestras sus palabras.
-         Ojala.
El lugar al que nos llevaron, era la parte de atrás de un islote que nos protegía del oleaje. El sol había hecho su trabajo. Me encontraba perfectamente, pero no volvería a meterme en el agua. Observé como Stefan ayudaba a su padre a prepararse, como miraba demasiado al interior del barco y como su expresión cambiaba. Sin pensarlo dos veces me acerque.
-         Déjame que te ayude.
-         No hace falta.
-         Mírame. – espere a que lo hiciese -  Yo no me mareo nunca, y tú sí. Después de ayudarle como sigas en plan cabezota te vas a encontrar tan mal que no vas a poder bucear.
Me miro pensando qué responderme.
-         Vale.
-         A ver, súbete el traje que te lo cierro. – lo hice – Venga, siéntate y ponte las aletas. – se las di.
-         Si señorita.
-         Qué bobo eres. Ponte el chaleco. Ajústate esto… ¿Dónde tienes las gafas?
-         Allí.
-         Toma. – antes de dárselas le dije – Me debes un beso. Bueno, si soy realista me debes muchos.
-         Vale. Tú ganas.
Me dio un beso en la mejilla, nos miramos a los ojos, le di las gafas y momentos después, todos habían desaparecido dejando un rastro de burbujas mientras yo estaba tumbada con los ojos cerrados, dejándome acunar por el sonido del mar… Me quede dormida.
Me despertó una cascada de agua que caía sobre mí.
-         No puedo creerme que te hayas quedar dormida.
-         ¿Con qué me has mojado?
-         Con las gafas.
Debí de poner cara de circunstancia porque a continuación aclaro:
-         Las he usado como cubo.
Le conteste como si fuese obvio:
-         Claro, ¿cómo sino? – me levante - ¿Hace calor o lo tengo yo?
-         Si tienes calor, ¿por qué no te vienes al agua conmigo?
Le mire. A él y al resto. Todos estaban en el lado izquierdo del barco, o bien bañándose o subiendo a este último. En cambio, Stefan estaba en el derecho y no pude recordar el nombre técnico que recibía.
-         No seas aburrida Cassi.
Me tire al agua, a su lado. Me quite las trenzas ya estropeadas, y me acerque a él. Estábamos en la proa y nadie podía vernos. Asique aprovechando la situación, me permití ser espontánea. Le pase los brazos alrededor de su cuello para abrazarle de forma superficial, pero él me cogió de la cintura e hizo que nuestros cuerpos quedasen tan pegados que sólo el neopreno se interponía entre los dos. Nos miramos sin decir nada, pero ese momento que a mí me parecía mágico, lo rompieron los adultos.
-         Vamos chicos. Ir subiendo que nos vamos.
Cuando iba a separarme, no pude, no me dejo. Me acerco a su cara, sus labios rozaron mi mejilla y antes de liberarme me dijo al oído:
-         Salvada por la campana. Prepárate, porque esta tarde no escaparás tan fácilmente. Pienso darte todos los besos que te debo.

                                                                                                             (Continuará)


Princess_of_Hell

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