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Fantasmas Del Ático

lunes, 2 de mayo de 2011

Kiss Me (X)

Un beso. Conseguir eso en ella era todo un milagro. Con su explicación se me había ido el incomprensible ataque de celos, pero con el beso… con ese beso era capaz de olvidar todo. Contento con mi pequeña victoria, decidí ver hasta donde estaba dispuesta a llegar.

-         Y si para ti los besos no tienen demasiado valor… dado que con el no ha significado nada y te ha tocado todo lo que ha querido y más… si yo te doy un beso, teniendo en cuenta que no me dejas acercarme, no pasaría nada ¿no?
-         Sí, claro que pasaría.
-         ¿Por qué?
-         Porque no es lo mismo.
-         Si yo te besara ¿Qué significaría para ti?
-         Significaría algo que no estoy dispuesta a decirte.
-         Con eso me estas confesando que mucho.
-         Prefiero hacer una confesión silenciosa que decirlo en voz alta.
-         Que sepas que esa me la apunto.
-         Si quieres te dejo un bolígrafo.
-         ¿Ese cutre de Victoria Francés?

Me echó una mirada asesina.

-         Sí, ese increíble, fantástico e insuperable bolígrafo de Victoria Francés.
-         No gracias. Creo que mi complejo de Doris es capaz de retener esa información.

No contestó. Parecía que estaba pensando.

-         Tengo hambre. – dijo.
-         Si quieres puedes comerme a mí. No me importaría.
-         No tienes remedio. Gracias por la sugerencia pero creo que no me apetece comer Lucan al punto con salsa de especias extrañas.
-         ¿Especias extrañas?
-         Si te como a ti, la colonia va incluida.
-         Jajajajaja. Muy bien. ¿Quedo tocado y hundido entonces?
-         Depende. Si no tienes nada mejor que ofrecerme…
-         Bueno, a lo mejor te apetece más Lucan con chocolate.
-         Seguirías existiendo el problema de la colonia querido.
-         Uff, querido… bueno, por el apodo cariñoso te dejo elegir.
-         Qué amable. – se quedo callada unos segundos antes de decir –Te invito a cenar. ¿Te gusta la comida italiana?
-         Por supuesto. Es una de mis favoritas.
-         Menos mal. Hay algo en lo que estamos de acuerdo.
-         Pero…
-         Sí, claro. ¿Cómo no iba a haber un “pero”? era demasiado bonito para ser verdad.
-         Pero, ¿no suele ser el chico el que invita?
-         Pero… ¿desde cuando los convencionalismos van conmigo? – sonrió. Tenía razón.

Mirando las calles y las personas que paseaban tranquilamente por el parque, le dije aquello que sabía que quería oír.

-         Bailas bien.
-         ¿A qué viene eso?
-         A que querías saber mi opinión y yo había quedado en dártela.
-         Creía que había quedado claro que te había traído porque soy la chica más mala del mundo y quería que vieses lo poco que me importas.

Estaba seria, muy seria. Desde luego, mis palabras de antes la había hecho mucho daño. Me sentía mal y necesitaba arreglarlo.

-         Hay algo en toda esa oración compuesta que es correcto. Estaba celoso. Mucho. ¿Para qué negarlo? Pero en el resto no has dado ni una.
-         Es más o menos todo lo que me has dicho resumido en una frase. – dijo con indiferencia para ocultar lo que de verdad sentía.
-         No. Eso es la interpretación que le has dado a mis palabras con esa increíble imaginación que tienes. Si dejamos a un lado todas las personas… Bailas genial. Es verdad que te falta un poco de técnica ya que no estás en una escuela de verdad, pero sabes transmitir al público el sentimiento adecuado en cada momento con la forma que tienes de moverte. Haces que los pasos parezcan sencillos, y desde luego se nota que te encanta lo que haces. Si quisieras… podrías dedicarte a ello profesionalmente. Porque además, el cuerpo te acompaña.

Ya estaba. Dicho. Me sorprendí a mi mismo al ser capaz de ser tan sincero. De verdad pensaba que bailaba bien. De hecho me planteé presentarle algún día a mi hermana. Sería todo un reto estar una semana en sus clases.

-         ¿Y a qué  viene esa confesión?
-         Es mi forma de pedirte perdón. ¿Contenta?

Me miró son diversión antes de hablar y seguir mirando a la carretera.

-         En realidad no. ¿Qué has querido decir con lo de “el cuerpo te acompaña”?
-         Es obvio.
-         No estoy de acuerdo. Quiero una confesión a cambio de la mía.

Me quedé pensativo valorando las posibilidades que tenía.

-         Lo que pienso de tu cuerpo es demasiado comprometido como para decirlo en voz alta. Tendrás que conformarte son el adjetivo “perfecto”.
-         ¿No cambiarías nada de mí? – parecía realmente sorprendida.
-         ¿Para qué? Si cambias cualquier mínima cosa de ti, ya no serías tú. Y si no eres tú, ya no me gustarías porque habrías perdido ese imán que hace que no deje de pensar en ti. Y ya no solo del físico. Porque Nalla, no estoy enamorado de ti solo porque seas guapa, que lo eres. Sino que también estoy enamorado de tus defectos. Me encanta cuando me dices esas frases sin sentido y confiesas que no confías en mí. Porque al decírmelo me estás dando una oportunidad para intentarlo. Me encanta cuando se te olvidan las cosas porque estas nerviosa y sobre todo me encanta tu obsesión con el chocolate. Abre todo un abanico de posibilidades. – sonrío.

La había dejado sin palabras y aproveché ese momento para devolverle el beso que ella me había dado antes. Antes de separarme la susurré al oído:

-         I win.


Princess_of_Hell

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