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Fantasmas Del Ático

domingo, 1 de mayo de 2011

Kiss Me (IX)

Conseguí que cambiase de cara. Pero no sabría decir si para bien o para mal.

-         Vamos que entonces soy yo quien te da asco
-         ¿Pero tú estas tonto o qué? Si me dieses asco no te habría traído, ¿no crees?
-         Entonces me has traído para que te cuente lo mucho que me gusta que un tío te diga a gritos que le des su número de teléfono. Porque sino no lo entiendo.

Ahora la que se estaba empezando a cansar y a enfadar de tanta estupidez era yo.

-         Te he traído porque me apetecía, porque quería compartir contigo una de las cosas que más me gustan en este mundo y porque quería que me vieses bailar para que me dieses tu opinión.
-         ¿Y qué más da mi opinión?
-         Pues si que da. ¡Y mucho!- grite sin darme cuenta de lo que decía.

Su expresión se relajo, pero ni mucho menos dio la partida por perdida.
-         ¿Quieres saber lo que pienso? Que no me sirve de nada ver lo bien que bailas y el tipazo que tienes si luego dejas que te bese cualquiera y por el contrario, ni si quiera me dejas que te coja de la mano. Eso es lo que pienso.
-         ¿Pero se puede saber que te pasa con los beso? ¿Tienes algún trauma de la infancia? Qué pasa, ¿Qué tu madre no te daba un beso de buenas noches? Porque de verdad que no te entiendo.
-         Perfecto. ¿Y luego el que se supone que no tiene neuronas soy yo? ¿El qué no entiendes? – dijo ofendido.
-         Pues tu actitud. Si llego a  saber que me vas a montar un numerito, no te digo nada.
-         Genial. Entonces lo que no entiendes es que te quiero. Una buena revelación.

Me quede muda de asombro. Antes, en el coche, lo había dejado caer, pero es que ahora me lo había dicho directamente. Y lo peor es que a mi… me gustaba la idea. Demasiado. No espero una contestación, porque yo creo que en el fondo, los dos sabíamos que aquella conversación había finalizado. Fuimos silenciosos hasta el coche. Por alguna estúpida razón me sentía mal por lo que había pasado. En cierta forma, tenía que reconocer que llevaba razón. El se portaba siempre bien conmigo, y yo solo le daba un eterno rechazo como moneda de cambio. Y eso no estaba bien, porque aunque alguna vez le confesase que era importante para mí, sabía de buena tinta que las palabras no son suficientes si no se demuestran con acciones que las respalden.
La verdad de aquella conclusión me asusto. ¿Estaría empezando a sentir algo más que aprecio, cariño y amistad por Lucan? Lo más probable, es que sí. Necesitaba darle una explicación. Cuando cerramos las puertas, rompí el silencio que reinaba entre nosotros.

-         No es un cualquiera.
-         ¿Perdón? – dijo distraído sin prestar mucha atención.
-         Que el chico al que he besado, no es un cualquiera. Se llama Ismael. Lo conozco desde que llegué aquí y paso muchas horas a la semana con él a lo largo del curso.
-         ¿Piensas que con eso queda todo arreglado?
-         No. Pero no he terminado. Así que calla y escucha. Me ha enseñado todo lo que sé. Le aprecio mucho como amigo y como bailarín. El beso que tanto te ha molestado no estaba en el guión. Se había comentado alguna vez, pero ninguno de los dos queríamos. Pero justo antes de salir al escenario, nos han comunicado que había venido un caza talentos, y el quiere una beca para poder dedicarse al baile profesionalmente. Entonces, en cuestión de segundos, las cosas han cambiado. Me lo ha pedido como favor, y yo he aceptado para agradecerle todo lo que ha hecho por mí. Al final, ha resultado funcionar, porque se han fijado en él. Pero ese beso, no ha significado nada Lucan. De verdad.

Le miré para ver que decía, y como no decía nada, intenté leer en su expresión lo que pensaba. Me miraba con desconfianza.

-         Claro, lo que tú digas. Las brujas pirujas con poderes mienten, y cuando has admitido el mucho cariño que le tienes, has perdido las pocas posibilidades de que te crea.
-         Es gay.

Parece que eso funciono. Estaba perplejo, no se lo esperaba.
-         ¿Me estás tomando el pelo?
-         No. No acostumbro a comer pelo.

Sonrió. Por fin se le había pasado en enfado. Era como un niño cuando consigue su caramelo.

-         Entonces seguiré luchando por un beso tuyo. Por lo que parece no está todo perdido.

Quería sorprenderle. ¿Cómo? Era fácil. Antes de arrancar me incliné hacia él y le di un casto beso en la mejilla.



Princess_of_Hell

1 comentario:

  1. Y a mí que me gustan tanto esos besos puros y castos de vez en cuando... ^^

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