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Fantasmas Del Ático

martes, 23 de agosto de 2011

Sabe igual.




Son las tres de la mañana y no puedo dormir. Tengo ansiedad y pensando soy capaz de encontrar hasta remordimientos. Por un momento me pregunto si tenía que haberle dejado hablar o si existen personas con las que de verdad puedas contar cuando tienes un problema. Suspiro sintiéndome sola y a la vez agobiada en mi vacía y oscura habitación. Me incorporo sabiendo que tengo cerca un posible ataque de ansiedad ante la impotencia de no poder hacer nada por no volver a equivocarme.
Recuerdo aquel mechero y aquel cigarrillo robado. Puede que haya encontrado una forma de combatir la ansiedad. Es verdad que hay fallos que no se pueden controlar porque no dependen de uno mismo. Pero sí hay otros en los que tenemos un control total de la situación. Abro el cajón, cojo el paquete de tabaco y el mechero y salgo a la terraza. Miro a la luna, las estrellas… el viento enreda un poquito más mi pelo ya despeinado. Las manos me tiemblan. Siempre me prometí que no fumaría. Es una de esas promesas que te grabas con fuego en el alma y te propones no romper nunca porque sabes que te sentirías mal, porque habrías fracasado, porque te decepcionarías a ti misma. Pero justo ahí… en la línea que separa hacer lo correcto o no, era donde se encontraba la tranquilidad y la solución a la ansiedad. Porque son en esos momentos en los que tienes el control. Cojo el cigarrillo, me lo llevo a la boca y con la mano temblorosa lo enciendo y doy mi primera calada. Esa que cambia todo. Esa que hace que me haya traicionado a mi misma. Esa que aplaca mi malestar. Esa que me hace odiarte un poco más. Esa que hace que sienta que tengo el control del todo. Una calada que en el fondo… es un paso más hacia una oscuridad que me niego a ver y de la que pronto no podré salir. Respiro ese aire contaminado que no se me antoja tan desagradable como antes y comienzo a fumar mientras pienso en un futuro bastante borroso.

 ¿Sabes? Siempre me dijeron que el tabaco sabía igual a como olía. Nunca me lo acabé de creer… hasta hoy. 
 

Princess_of_Hell

2 comentarios:

  1. Odio el olor del tabaco. Y también el sabor. Pero me encanta como describes que el hecho de fumar un simple cigarrillo es algo mucho más trascendental de lo que parece. Ojalá mantener el control fuera tan fácil. Ah, y sí. Habrá personas que te traicionen pero también hay otras, poquitas, pero las hay, con las que puedas contar en todo momento. Si necesitas algo, ya sabes ^^

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  2. Te ha faltado algo después de "mi primera calada". Yo añadiría: "Esa que hace que tosas como si se te fueran a salir los pulmones por la boca".
    Y eso que nunca he fumado...

    Tiene cierto encanto eso de fumar.

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