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Fantasmas Del Ático

lunes, 12 de diciembre de 2011

Gritar a las Estrellas

Dibujo una sonrisa, una buena cara, un moderado tono de voz y un aura de tranquilidad que se ven destrozados nada más dobla la esquina camino de la renfe.

Sin avisar las lágrimas acuden a mis ojos, pero no las dejo escapar. Respiro hondo y me encamino hacia mi bus. El horario me indica que tengo que esperar 15 minutos, pero no pasa nada. Saco el último cigarrillo que me queda. Teníamos un trato… pero ya me da igual. Las cosas están para romperse. Se rompen los tratos, las promesas, los silencios, las ilusiones, los corazones… parece que el mundo está destinado a romperse en mil pedazos sin prisa. Parece que disfruta con el sufrimiento ajeno. Desvío mis cavilaciones a cualquier otra cosa. Odio cuando me da por filosofear de forma catastrófica mientras fumo. Me centro en ese sabor ya familiar, en las personas que pasan  por delante de mí haciéndome sentir invisible, y en el frío que reina en el ambiente. Le mando al vampiro un mensaje intentado retrasar el momento de encerarme en mí misma… y al final concluyo que el frío es lo único bueno de mi alrededor. Subo al bus cuando abren las puertas y temiendo lo peor, me escondo en la esquina de la última fila. Saco el móvil, los cascos y subo el volumen hasta que todo desaparece y solo queda la música. Me siento triste. Las lágrimas vuelven a amenazar con su parición como ya había previsto, pero me digo a mí misma que los vampiros no lloran. Que no es nada apocalíptico. Que no es el fin del mundo. Que no era ninguna sorpresa y sobre todo me intento convencer de que estoy mejor sola. Mientras las calles pasan frente a mí, decido cerrar los ojos y centrarme solo en la canción. Esa que se repite de forma contínua. Esa que consigue expresar lo que siento.
Aparecen ante mí miles de nubes grises y amenazantes. A mis pies un precipicio sin final aparente. El viento enreda mi pelo con la rabia que yo siento y que no soy capaz de expresar. Miro curiosa y me pregunto qué pasaría si saltase. La canción no deja de pedirte que me digas miles de cosas que nunca existieron haciendo que la desesperación se haga hasta tangible. Me entran ganas de gritar. Ganas de gritar tan fuerte, y de forma tan prolongada que podría conseguir que las estrellas se estremeciesen de incomodidad.
La canción se detiene de golpe dejando entrar una llamada y me sorprendo con un grito ahogado en mi garganta suplicando salir. Mientras descuelgo decido que no merece la pena gastar energías en algo tan estúpido que solo dejaría en evidencia aquello que me niego a aceptar. Es el vampiro. Casi sonrío cuando escucho su voz… pero solo casi. Sabiendo que hoy será imposible evitar que me encierre en mi burbuja negra e impenetrable, consigo quedar con él al día siguiente. Sé que necesitaré alguien que consiga distraerme después de un día a su lado tan similar y a las vez tan diferente al resto. Cuando la música vuelve a envolverme… entonces... ahora sí que no puedo evitar pensar en él, en lo que estará haciendo, en lo que pensará… y ya, sin poder evitarlo, las lágrimas se escapan rebeldes recorriendo mis mejillas. De algo sí estoy contenta, y es de haber mantenido la calma y la tranquilidad esa hora interminable y de haber dicho por una vez, lo que mi yo sensata pensaba sin dejar interferir a nadie más. No es que haya mentido, para nada, pero claramente la sensatez no incluye todos los aspectos importantes de algo… pero sí los necesarios. Entonces, mientras me limpio las lágrimas con la decisión de que no vuelvan a parecer, me descubro pensando que cuando quieres a una persona, por poco que sea… acabas haciendo lo que sea con tal de verla feliz. Nadie ha dado al botón y me distraigo viendo las caras de desconcierto que ponen esas personas irresponsables. Me bajo en la siguiente parada. Estoy empezando a perder el control sobre mí misma. Empiezo a andar más deprisa de lo normal mientras pienso incoherencias tan destructivas como siempre. Si tengo frío y tengo hambre, ya tendría motivos suficientes para no pensar en los sentimientos. ¿Por qué todo se reducía a eso? ¿Por qué siempre me acaba maltratando a mi misma a base de tabaco y la abstinencia de comida? Me encojo de hombros como si estuviese hablando con alguien imaginario. Tengo todavía más ganas de llorar que antes, pero tomo la decisión de que no lo haré. Al menos literalmente. Decido que es mejor escribir. Prefiero que cada palabra de este texto sea una lágrima imaginaria que me ayuda a seguir con la máscara puesta. Según llego a mi casa, vuelvo a construir  una sonrisa, una buena cara, un moderado tono de voz y un aura de tranquilidad. Y con esa careta dictamino que viviré todos los días durante las clases hasta que se convierta en algo tan natural como respirar.
¿Qué narices me pasa? ¿Cuándo fue el momento exacto en el que perdí el norte? Ojala ese precipicio existiese de verdad. Ojala pudiese saltar. Pero  no. Como siempre… me acabo ahogando en mi propia imperfección.
Y mientras tanto… la canción sigue aislándome del mundo y encerrándome en el mío.


Princess_of_Hell

1 comentario:

  1. Gritar a las estrellas... me a gustado el título :)

    c.gonzález
    xx

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