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    Fantasmas Del Ático

    martes, 3 de mayo de 2011

    Pregunta... em, sí, eres Especial.



    -         Tengo ganas de conocer a alguien especial.
    -         Sí, ya también. No me gustan las personas normales.
    -         ¿Te consideras rara?
    -         Sí. Un poco especial.
    -         Entonces, ¿te puedo hacer una pregunta?
    -         Claro, la que quieras.
    -         Si fueses un plastidecor, ¿de qué color serías?
    -         Eso es fácil. Negro.
    -         ¿Negro? ¿Por qué?
    -         Porque el negro combina con todo. Igual que el blanco. Pero el blanco se mancha en seguida, es muy débil. Llama mucho la atención pero luego no es nada. En cambio, el negro es todo lo contrario. Tiene personalidad.
    -         Entonces, ¿te consideras una persona con una fuerte personalidad?
    -         Sí. Eso creo. ¿Y tú qué color serías?
    -         Azul marino.
    -         ¿Por qué?
    -         Porque es el color del pensamiento, de la imaginación.
    -         Pero eso es subjetivo.
    -         Sí, tienes razón. – sonríe.
    -         ¡Entonces tienes una cabeza de mar! – se ríen los dos.
    -         Sí, será eso.
    -         Me toca preguntar. Si fueses un planeta o un satélite, ¿cuál serías?
    -         Ganímedes.
    -         ¿Por qué?
    -         No sé. Me gusta. ¿Tú tienes una respuesta más convincente?
    -         Claro. Yo sería la Luna. Está sola, pero no le hace falta nadie para brillar por sí sola. Puede que el Sol, pero aún sin él sería igual de bonita. Además, puedes decir que soy una lunática, o que estoy siempre en la Luna, inmersa en un mundo que no existe.
    -         Me has enamorado. – dice seguro de sí mismo.
    -         Pero si no me conoces.
    -         Sé lo suficiente de ti como para saber que eres especial.


    Princess_of_Hell

    lunes, 2 de mayo de 2011

    Kiss Me (X)

    Un beso. Conseguir eso en ella era todo un milagro. Con su explicación se me había ido el incomprensible ataque de celos, pero con el beso… con ese beso era capaz de olvidar todo. Contento con mi pequeña victoria, decidí ver hasta donde estaba dispuesta a llegar.

    -         Y si para ti los besos no tienen demasiado valor… dado que con el no ha significado nada y te ha tocado todo lo que ha querido y más… si yo te doy un beso, teniendo en cuenta que no me dejas acercarme, no pasaría nada ¿no?
    -         Sí, claro que pasaría.
    -         ¿Por qué?
    -         Porque no es lo mismo.
    -         Si yo te besara ¿Qué significaría para ti?
    -         Significaría algo que no estoy dispuesta a decirte.
    -         Con eso me estas confesando que mucho.
    -         Prefiero hacer una confesión silenciosa que decirlo en voz alta.
    -         Que sepas que esa me la apunto.
    -         Si quieres te dejo un bolígrafo.
    -         ¿Ese cutre de Victoria Francés?

    Me echó una mirada asesina.

    -         Sí, ese increíble, fantástico e insuperable bolígrafo de Victoria Francés.
    -         No gracias. Creo que mi complejo de Doris es capaz de retener esa información.

    No contestó. Parecía que estaba pensando.

    -         Tengo hambre. – dijo.
    -         Si quieres puedes comerme a mí. No me importaría.
    -         No tienes remedio. Gracias por la sugerencia pero creo que no me apetece comer Lucan al punto con salsa de especias extrañas.
    -         ¿Especias extrañas?
    -         Si te como a ti, la colonia va incluida.
    -         Jajajajaja. Muy bien. ¿Quedo tocado y hundido entonces?
    -         Depende. Si no tienes nada mejor que ofrecerme…
    -         Bueno, a lo mejor te apetece más Lucan con chocolate.
    -         Seguirías existiendo el problema de la colonia querido.
    -         Uff, querido… bueno, por el apodo cariñoso te dejo elegir.
    -         Qué amable. – se quedo callada unos segundos antes de decir –Te invito a cenar. ¿Te gusta la comida italiana?
    -         Por supuesto. Es una de mis favoritas.
    -         Menos mal. Hay algo en lo que estamos de acuerdo.
    -         Pero…
    -         Sí, claro. ¿Cómo no iba a haber un “pero”? era demasiado bonito para ser verdad.
    -         Pero, ¿no suele ser el chico el que invita?
    -         Pero… ¿desde cuando los convencionalismos van conmigo? – sonrió. Tenía razón.

    Mirando las calles y las personas que paseaban tranquilamente por el parque, le dije aquello que sabía que quería oír.

    -         Bailas bien.
    -         ¿A qué viene eso?
    -         A que querías saber mi opinión y yo había quedado en dártela.
    -         Creía que había quedado claro que te había traído porque soy la chica más mala del mundo y quería que vieses lo poco que me importas.

    Estaba seria, muy seria. Desde luego, mis palabras de antes la había hecho mucho daño. Me sentía mal y necesitaba arreglarlo.

    -         Hay algo en toda esa oración compuesta que es correcto. Estaba celoso. Mucho. ¿Para qué negarlo? Pero en el resto no has dado ni una.
    -         Es más o menos todo lo que me has dicho resumido en una frase. – dijo con indiferencia para ocultar lo que de verdad sentía.
    -         No. Eso es la interpretación que le has dado a mis palabras con esa increíble imaginación que tienes. Si dejamos a un lado todas las personas… Bailas genial. Es verdad que te falta un poco de técnica ya que no estás en una escuela de verdad, pero sabes transmitir al público el sentimiento adecuado en cada momento con la forma que tienes de moverte. Haces que los pasos parezcan sencillos, y desde luego se nota que te encanta lo que haces. Si quisieras… podrías dedicarte a ello profesionalmente. Porque además, el cuerpo te acompaña.

    Ya estaba. Dicho. Me sorprendí a mi mismo al ser capaz de ser tan sincero. De verdad pensaba que bailaba bien. De hecho me planteé presentarle algún día a mi hermana. Sería todo un reto estar una semana en sus clases.

    -         ¿Y a qué  viene esa confesión?
    -         Es mi forma de pedirte perdón. ¿Contenta?

    Me miró son diversión antes de hablar y seguir mirando a la carretera.

    -         En realidad no. ¿Qué has querido decir con lo de “el cuerpo te acompaña”?
    -         Es obvio.
    -         No estoy de acuerdo. Quiero una confesión a cambio de la mía.

    Me quedé pensativo valorando las posibilidades que tenía.

    -         Lo que pienso de tu cuerpo es demasiado comprometido como para decirlo en voz alta. Tendrás que conformarte son el adjetivo “perfecto”.
    -         ¿No cambiarías nada de mí? – parecía realmente sorprendida.
    -         ¿Para qué? Si cambias cualquier mínima cosa de ti, ya no serías tú. Y si no eres tú, ya no me gustarías porque habrías perdido ese imán que hace que no deje de pensar en ti. Y ya no solo del físico. Porque Nalla, no estoy enamorado de ti solo porque seas guapa, que lo eres. Sino que también estoy enamorado de tus defectos. Me encanta cuando me dices esas frases sin sentido y confiesas que no confías en mí. Porque al decírmelo me estás dando una oportunidad para intentarlo. Me encanta cuando se te olvidan las cosas porque estas nerviosa y sobre todo me encanta tu obsesión con el chocolate. Abre todo un abanico de posibilidades. – sonrío.

    La había dejado sin palabras y aproveché ese momento para devolverle el beso que ella me había dado antes. Antes de separarme la susurré al oído:

    -         I win.


    Princess_of_Hell

    domingo, 1 de mayo de 2011

    Kiss Me (IX)

    Conseguí que cambiase de cara. Pero no sabría decir si para bien o para mal.

    -         Vamos que entonces soy yo quien te da asco
    -         ¿Pero tú estas tonto o qué? Si me dieses asco no te habría traído, ¿no crees?
    -         Entonces me has traído para que te cuente lo mucho que me gusta que un tío te diga a gritos que le des su número de teléfono. Porque sino no lo entiendo.

    Ahora la que se estaba empezando a cansar y a enfadar de tanta estupidez era yo.

    -         Te he traído porque me apetecía, porque quería compartir contigo una de las cosas que más me gustan en este mundo y porque quería que me vieses bailar para que me dieses tu opinión.
    -         ¿Y qué más da mi opinión?
    -         Pues si que da. ¡Y mucho!- grite sin darme cuenta de lo que decía.

    Su expresión se relajo, pero ni mucho menos dio la partida por perdida.
    -         ¿Quieres saber lo que pienso? Que no me sirve de nada ver lo bien que bailas y el tipazo que tienes si luego dejas que te bese cualquiera y por el contrario, ni si quiera me dejas que te coja de la mano. Eso es lo que pienso.
    -         ¿Pero se puede saber que te pasa con los beso? ¿Tienes algún trauma de la infancia? Qué pasa, ¿Qué tu madre no te daba un beso de buenas noches? Porque de verdad que no te entiendo.
    -         Perfecto. ¿Y luego el que se supone que no tiene neuronas soy yo? ¿El qué no entiendes? – dijo ofendido.
    -         Pues tu actitud. Si llego a  saber que me vas a montar un numerito, no te digo nada.
    -         Genial. Entonces lo que no entiendes es que te quiero. Una buena revelación.

    Me quede muda de asombro. Antes, en el coche, lo había dejado caer, pero es que ahora me lo había dicho directamente. Y lo peor es que a mi… me gustaba la idea. Demasiado. No espero una contestación, porque yo creo que en el fondo, los dos sabíamos que aquella conversación había finalizado. Fuimos silenciosos hasta el coche. Por alguna estúpida razón me sentía mal por lo que había pasado. En cierta forma, tenía que reconocer que llevaba razón. El se portaba siempre bien conmigo, y yo solo le daba un eterno rechazo como moneda de cambio. Y eso no estaba bien, porque aunque alguna vez le confesase que era importante para mí, sabía de buena tinta que las palabras no son suficientes si no se demuestran con acciones que las respalden.
    La verdad de aquella conclusión me asusto. ¿Estaría empezando a sentir algo más que aprecio, cariño y amistad por Lucan? Lo más probable, es que sí. Necesitaba darle una explicación. Cuando cerramos las puertas, rompí el silencio que reinaba entre nosotros.

    -         No es un cualquiera.
    -         ¿Perdón? – dijo distraído sin prestar mucha atención.
    -         Que el chico al que he besado, no es un cualquiera. Se llama Ismael. Lo conozco desde que llegué aquí y paso muchas horas a la semana con él a lo largo del curso.
    -         ¿Piensas que con eso queda todo arreglado?
    -         No. Pero no he terminado. Así que calla y escucha. Me ha enseñado todo lo que sé. Le aprecio mucho como amigo y como bailarín. El beso que tanto te ha molestado no estaba en el guión. Se había comentado alguna vez, pero ninguno de los dos queríamos. Pero justo antes de salir al escenario, nos han comunicado que había venido un caza talentos, y el quiere una beca para poder dedicarse al baile profesionalmente. Entonces, en cuestión de segundos, las cosas han cambiado. Me lo ha pedido como favor, y yo he aceptado para agradecerle todo lo que ha hecho por mí. Al final, ha resultado funcionar, porque se han fijado en él. Pero ese beso, no ha significado nada Lucan. De verdad.

    Le miré para ver que decía, y como no decía nada, intenté leer en su expresión lo que pensaba. Me miraba con desconfianza.

    -         Claro, lo que tú digas. Las brujas pirujas con poderes mienten, y cuando has admitido el mucho cariño que le tienes, has perdido las pocas posibilidades de que te crea.
    -         Es gay.

    Parece que eso funciono. Estaba perplejo, no se lo esperaba.
    -         ¿Me estás tomando el pelo?
    -         No. No acostumbro a comer pelo.

    Sonrió. Por fin se le había pasado en enfado. Era como un niño cuando consigue su caramelo.

    -         Entonces seguiré luchando por un beso tuyo. Por lo que parece no está todo perdido.

    Quería sorprenderle. ¿Cómo? Era fácil. Antes de arrancar me incliné hacia él y le di un casto beso en la mejilla.



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