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    Fantasmas Del Ático

    lunes, 5 de noviembre de 2012

    De momento me despido de Paris


     
    Bonito, romántico, esencial, inspirador, mágico…
    Así es Paris. ¿Verdad? Tú y yo lo sabemos. Las sabanas de seda, el champan, las fresas y la torre Eiffel también. Los poemas olvidados, las caricias perdidas y las miradas infinitas. La esperanza se respira en el ambiente, ¿no? O al menos eso es lo que me escribiste en tu última carta.
    A mí Paris me pareció un error, sus carreteras adoquinadas me molestaron, los edificios me provocaron indigestión y tú dejaste mi esperanza encadenada a aquel aeropuerto. Lo siento, pero mi recuerdo es bastante gris, apagado y sin luz. Pero ¿sabes? Creo que en parte tienes razón.

    Volveré.Pero en tren, no en avión; a un hotel, no a una suite; a tomar crepes, no champán; a subir a la torre Eiffel, no a sobrevolarla; a destrozarme los pies con unos taconazos de escándalo, pero sin ti. De momento, guárdate tus postales bonitas, tus mentiras y tus sueños que yo... me dedicaré a cumplir los míos.

     
    …Bonito, romántico, esencial, inspirador, mágico. Sí… así es como hay que recordar Paris.

    viernes, 2 de noviembre de 2012

     
     
    Es simple.
    Por qué.
    Por qué cuando te miro a los ojos me quedo sin respiración. Por qué cuando me tocas me siento como en casa. Por qué una sonrisa tuya apaga mis problemas. Por qué sueño contigo hasta cuando por las noches estas a mi lado. Por qué eres capaz de hacer de cada día, uno especial. Por qué me comprendes aunque sea puro desorden emocional. Por qué me escuchas cuando sabes que no quiero tu opinión. Por qué me dedicas cada día de tu vida sin pedir nada a cambio.
    Por qué… por qué… Esa es la gracia ¿no? Que no hay ningún por qué a nada de lo anterior. Solo hay una cosa. Sentimientos. Y aunque suene ñoño, irreal, inseguro, vacilante y estúpido, no cambiaría ninguno de ellos.
    Si algún día se rompen, ya se comprará pegamento.
     
     

    martes, 30 de octubre de 2012

    Un cuaderno de colegio.

    Aquella noche de lluvia la dediqué a hacer un repaso del supuesto libro de mi vida. Aunque más bien yo creo que más que un libro es un cuaderno. De esos de cuadros que llevan los niños al colegio, escrito a boli, con tachones, un poco arrugado y desgastado. Un cuaderno que ya no tenía cuentos. Un cuaderno que se había vuelto demasiado real.
    ¿Los días? Los días son todos normales. Somos nosotros los que los hacemos especiales. Son las personas con las que lo compartimos y son la forma que tenemos de escribirlos.  Al menos eso pensaba aquella noche de lluvia con mi pijama nuevo, rosa e infantil. Entonces lo supe.
    Faltaba magia. MI magia. En algún momento la había perdido por el camino.
     
     
     
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