Bonito, romántico, esencial, inspirador, mágico…
Así es Paris. ¿Verdad? Tú y yo lo sabemos. Las sabanas de
seda, el champan, las fresas y la torre Eiffel también. Los poemas olvidados,
las caricias perdidas y las miradas infinitas. La esperanza se respira en el
ambiente, ¿no? O al menos eso es lo que me escribiste en tu última carta.
A mí Paris me pareció un error, sus carreteras adoquinadas
me molestaron, los edificios me provocaron indigestión y tú dejaste mi
esperanza encadenada a aquel aeropuerto. Lo siento, pero mi recuerdo es
bastante gris, apagado y sin luz. Pero ¿sabes? Creo que en parte tienes razón.
Volveré.Pero en tren, no en avión; a un hotel, no a una suite; a tomar crepes, no champán; a subir a la torre Eiffel, no a sobrevolarla; a destrozarme los pies con unos taconazos de escándalo, pero sin ti. De momento, guárdate tus postales bonitas, tus mentiras y tus sueños que yo... me dedicaré a cumplir los míos.
Volveré.Pero en tren, no en avión; a un hotel, no a una suite; a tomar crepes, no champán; a subir a la torre Eiffel, no a sobrevolarla; a destrozarme los pies con unos taconazos de escándalo, pero sin ti. De momento, guárdate tus postales bonitas, tus mentiras y tus sueños que yo... me dedicaré a cumplir los míos.
…Bonito, romántico, esencial, inspirador, mágico. Sí… así es
como hay que recordar Paris.









