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    Fantasmas Del Ático

    domingo, 29 de mayo de 2011

    Sin Detalles Morbosos

    Ya está. No puedo más. No puedo mantener esto que siento en silencio. No puedo callarme. Estarás contento. Lo has conseguido. ¿El qué? Tranquilo que yo ahora te lo explico.
    Has conseguido que tenga ganas de besarte. Bueno, besarte no, sino devorarte, hacerme dueña de tu boca y notar el roce de nuestras lenguas, prohibirte que tus labios se separen de mí. Has conseguido que quiera secuestrarte, que pierda la vergüenza y que mi único objetivo sea que me mires, que me toques, que me sientas. Has conseguido que te necesite a ti y a tu cuerpo a todas horas. Que me muera sino siento tus caricias, tus miradas. Has conseguido que quiera sentir cómo el agua cae sobre nuestros cuerpos desnudos y cómo caemos mojados en la cama para poder eliminar cada gota de H2O de tu cuerpo con mi lengua. Porque esto no es Física O Química. Sino Física Y Química. Una fusión perfecta de ambas que hace que mi casa de ensueño esté formada por ti y una cama. Has conseguido que quiera dejar de ser una niña buena que va al instituto en chándal, para querer descubrir qué se siente bajo el roce del encaje sobre mis pechos. Qué se siente cuando tú me lo desabroches y ocupes su lugar. Has conseguido que siempre tenga hambre. Hambre de ti, de tu presencia, de tu olor, de tu contacto.
    Si cariño. Eso has conseguido. Que sea pura lujuria enjaulada, encerrada, encadenada.
    ¿Había dicho que sin detalles? Lo siento, pero es imposible porque no hay nada que la religión católica no considere pecado en ti. Y eso soy yo. Una eterna pecadora compulsiva.

    " Cuando toco tu cuerpo, siento que pierdo el control"



    Princess_of_Hell

    viernes, 27 de mayo de 2011

    Melodía Mágica

    Voy por el pasillo vacío del instituto. Todas las puertas están cerradas y estoy sola en ese piso. De pronto, entre los largos corredores de paredes blancas, comienza a sonar una melodía. Corro buscando su procedencia y me detengo, respirando deprisa, en la puerta que recita “aula de música”. Es aquí. Lo sé. Me muerdo el labio inferior con inseguridad e intento abrir la puerta con miedo a que este cerrada. Pero no. La puerta se abre silenciosamente. La habitación de forma rectangular es tan blanca como los pasillos, decorada con varias filas de sillas verdes de madera. En cambio, en un rincón, como solo y abandonado, hay un piano. Me acerco con miedo, porque aunque desprende notas con sentido, no hay nadie sentado acariciando sus teclas. De pronto, te siento. Estás conmigo, estás ahí delante, eres tú el que está tocando el piano. Pero no estás. No te veo. Es imposible. Tú te encuentras a kilómetros de distancia. Me inquieto, pero tu presencia me incita a calmarme, a sentarme a tu lado. Indecisa… me siento y de algún modo imagino como tu brazo roza levemente el mío. No comprendo qué quieres. No dejas de tocar. Siempre repites las mismas notas. Me quedo embelesada mirando como las teclas suben y bajan a tu antojo. Entonces, me doy cuenta de que no quieres que vea. No quieres que te vea, que mire… quieres que sienta, que comprenda. Respiro tranquilamente satisfecha de haber descubierto uno de los misterios. Cierro los ojos y me concentro, pero quedo bastante frustrada al percibir solo la música. Tu presencia me anima a seguir intentándolo. Cierro los ojos de nuevo con más fuerza como si eso fuese a ayudar en algo e intento ver más allá de las notas que inundan la habitación. Y entonces lo siento… siento lo que sientes, lo que transmites. Las notas dejan de formar parte de una partitura y se convierten en tus sentimientos

    Percibo tu presencia, tu alegría, tu confianza, tu amor, tu felicidad, tu anhelo… y con más fuerza, gritando por encima de los demás sentimientos… percibo tu esperanza. Esperaza de futuro, de estar juntos, de cumplir nuestros sueños…

    En ese momento, en el que he descifrazo todo lo que escondía ese Sol, el La o el Fa, la música cesa. Siento como te levantas, y antes de que desaparezcas y abra los ojos, tus labios rozan los míos como si fuesen un suspiro. Me quedo sola. Bueno no. No estoy sola. Eso es lo que has querido decirme, ¿verdad?
    Que no estoy sola. Nunca. Que siempre estas conmigo. Que eres como la Luna, que aunque no te vea siempre estas ahí, y que no necesito verte para sentirte. Que siempre estarás a mi lado y que los kilómetros son solo producto de mi imaginación, porque no hay barreras ni distancias para nuestro amor.



    Nuestro amor es como una melodía, cuando te alejas mis palpitaciones vibran suavemente, cuando me exploras, siento que tambores resueñan en todo mi interior. Tus palabras son música para mi alma, tus caricias son suaves violines. Este amor es una sinfonía que jamás dejaré de sentir.



    Princess_of_Hell

    Kiss Me (XI)

    Quedaba comprobado que jugar a la consola durante horas no servía de nada en la vida real. No dije nada desde que sus labios habían abandonado mi mejilla. Sentía anhelo. Por primera vez desde hacía un año y medio no tenía miedo a enamorarme. Y aunque lo tuviese… ya hubiese sido demasiado tarde para querer echarse atrás. Tenía la sensación de que Lucan era especial, de que merecía la pena intentarlo. Atravesé las calles de Londres sin prisa, y al cabo de un rato, estaba aparcando en frente del restaurante. Era antiguo, pero conocía al dueño y sabía que su aspecto exterior no tenía nada que ver con la comida. Era normal que después de treinta años, los muebles pidiesen a gritos un cambio. Como ya esperaba, Lucan puso un gesto extraño.

    -         ¿Aquí es donde haces tus pociones?
    -         No – sonreí.
    -         Entonces vas a intentar envenenarme o algo. Si lo llego a saber rechazo tu invitación.
    -         Que tú tengas que pagar mucho para llevarme a un teatro de lujo, no significa que yo tenga que hacer lo mismo para que tengas la mejor cena de tu vida.
    -         Espera que me río. A no. Es que no puedo. No suelo reírme cuando se burlan de mí.
    -         Dame un voto de confianza, por favor.
    -         Lo que te daré será un voto de ojos cerrados.
    -         ¿Qué es eso?
    -         Los votos que es mejor no pensar ni mirar cuando los haces porque es probable que te arrepientas durante el resto de tu vida.
    -         Eres un desagradable.

    Entré en el local.

    -         ¿Tess?
    -         La misma - sonreí al camarero.
    -         Cuánto tiempo sin verte.
    -         Los exámenes, que secuestran a cualquiera.
    -         ¿Traes compañía? Eso es nuevo cielo. Prepararé entonces la mejor mesa para la pareja.

    No me dio tiempo a replicar. Le seguí sin prisa, sonriendo. Los años pasaban para todos pero él… seguía igual. Un poco encorvado, el pelo blanco, barba de varios días, olor a colonia de Nenuco y  unas arrugas debajo de los ojos que hacían notar su avanzada edad.

    -         En seguida os traigo la carta.
    -         Sin prisa Cris.

    En cuanto desapareció, tuve una avalancha de preguntas.

    -         ¿Cielo? ¿Pareja? ¿De qué le conoces? ¿Quién es? ¿Hay algo que no me has contado?
    -         Tranquilo. Hay demasiadas cosas que no sabes de mí como para enterarte de todas en un día.
    -         Pues creo que puedes ir empezando.
    -         Veamos… él es Cristian, un viejo amigo.
    -         Desde luego viejo sí que está.
    -         ¡Oye! ¡Qué no me refería a eso!
    -         Bueno, entonces tú dirás.
    -         Es un antiguo amigo de mi abuelo. Pasó una temporada en España y me enseñó varias jugadas que no conocía. Cuando fui a Barcelona…estaba allí. Me enteré de que tenía un restaurante en Londres. Su familia es italiana y aunque no tienen mucha clientela, sí se dejan caer por aquí lo suficientes como para poder tener el negocio familiar abierto. Es cocinero, pero por la edad, su hijote ha sustituido. Cuando me mudé aquí, tarde tres tardes enteras en encontrar el restaurante. Desde entonces… vengo aquí a menudo.
    -         ¿Y lo de cielo?
    -         Es algo cariñoso. Soy como su nieta adoptiva.
    -         ¿Y lo de pareja?
    -         Eso… es que siempre vengo sola. Nunca he traído a nadie antes. Eres el primero al que le enseño uno de mis “refugios”.
    -         Vaya… no sé qué decir.
    -         No hace falta que digas nada.
    -         Y… ¿cuántos refugios tienes?
    -         Dos.
    -         Y el otro, ¿cuál es?
    -         Si te lo dijese… ya no sería un refugio porque sabrías donde encontrarme siempre que quiero esconderme. Y a veces… lo único que quiero es desaparecer.
    -         Entonces… desaparece conmigo en un lugar donde nadie nos encuentre y miremos juntos las estrellas.



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