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    Fantasmas Del Ático

    sábado, 10 de diciembre de 2011

    Hasta que desaparezca el Oxígeno

    A veces no nos damos cuenta de cuánto nos importa una persona hasta que  no nos sorprendemos a nosotros mismos derramando algunas lágrimas por ella.
    Una noche más acumulada sin dormir, atrapada en un limbo extraño entre los sueños y la realidad, descansada y agotada a la vez, amaneciendo encogida, como protegiéndose de algo, abrazada a sí misma y con una ligera molestia en el pecho. Nada nuevo. Nada sorprendente. Un día más que amanece gris acompañando a su estado de ánimo. Un día más en el que se hace visible el hueco oscuro y vacio que anida en su pecho de forma continua.
    “¿Alguna diferencia?” Se pregunta a sí misma mirando a las nubes.
    Si.
    La diferencia existe en ese pequeño punto de equilibrio en el que medimos la importancia que le damos a las cosas. En esa fina y casi invisible línea que delimita el punto exacto en el que todo te comienza a dar igual. Esa línea que había cruzado sin ser demasiado consciente de ello.
    Intenta respirar hondo sin que le duela y pide un deseo. Pide tener alas que le permitan alejarse de los monstruos que se empeñan en no darla más de una semana de paz, que le permitan dirigirse hasta las nubes que tapan el sol y la luna, que le permitan tocarlas, atravesarlas y seguir subiendo perdiéndose en la nada y el vacío del cielo azul hasta que llegue un punto en el que también desaparezca el aire para respirar.

    Contéstame a una cosa. Si tienes todas esas “pesadillas” desde el principio… ¿qué harás cuando pase el tiempo y el daño sea irreparable? Hay cosas que mi pequeña y desequilibrada mente es incapaz de comprender.

    Princess_of_Hell

    jueves, 8 de diciembre de 2011

    Enfermizo

    Enfermizo. Es enfermizo. Se cuela y no sabes cómo. Te mata poco a poco sin que te des cuenta. Te acostumbras y cuando quieres rectificar es demasiado tarde.

    Te ahoga. Te oprime. Te daña. Te maltrata. Te desquicia. Te ata. Te……..

    Me ahogas. Me oprimes. Me dañas. Me maltratas. Me desquicias. Me atas. Me……

    Roza lo imposible, la locura, la enfermedad… el límite entre la pérdida del sentido y la razón. Luchan la cabeza y el corazón.

    Pínchame... Dame tu dosis de veneno diaria para seguir sumiendome en esa realidad imaginaria.

    Princess_of_Hell

    jueves, 1 de diciembre de 2011

    Tú como Plato Principal

    -          Cariño, ¿tienes hambre? – me pregunta cuando se acaba la película que estábamos viendo en Antena3

    Miro el reloj. Son las doce y no hemos tomado nada desde la comida, pero allí, abrazada a él, me doy cuenta de que en cierto modo sí tengo hambre.

    -          Sí. Más o menos.

    Me sonríe, se levanta y desaparece en la cocina dejándome sola, abandonada en el salón. No me ha dejado termina la frase. Tengo hambre, cada vez más, pero no precisamente de comida. Me levanto y voy a buscarle. Está sacando un par de latas de atún, la mayonesa, el queso y no sé que más cosas incompatibles entre sí. Mientras tanto, hay algo en el microondas. Me pregunto qué será. Me doy cuenta de que está preparando una bandeja y en ella hay un paquete de galletas y el bote de Paladín. Chocolate… mi imaginación, como siempre tan oportuna, comienza a funcionar.

    -          ¿Desde cuándo es de buena educación abandonar a una dama?
    -          Desde que dicha dama quiere comer.
    -          Pero yo no te he dicho que es lo que quiero comer. – protesto.

    Se da la vuelta. Me mira y pregunta.

    -          ¿No te apetece chocolate? Lo siento, ¿qué quieres?

    Me acerco más a él.

    -          No sé, estoy un poco indecisa… ¿Tú estas en el menú?

    Al principio me mira sorprendido, pero en seguida sus ojos se iluminan ante la insinuación.

    -          Puede que como segundo plato.
    -          Jooo… pero es que yo te quiero como plato único y principal. – digo apenándome con voz de niña pequeña.
    -          Ya querida, pero es que en ese caso echarías a perder la leche.
    -          ¡Tú no te preocupes por eso! El chocolate claramente va incluido en el plato principal.

    Pone una expresión extraña, pero al final me acaba sonriendo.

    -          ¿Me estas diciendo que no puedo preparar la cena porque yo formo parte de ella?
    -          Qué inteligente eres cuando quieres. Del chocolate me encargo yo, así que – pongo voz de niña pequeña de nuevo - ¿me esperas en la cama?
    -          Solo si me prometes que vas a tardar poco.
    -          Prometido

    Me pongo de puntillas para poder darle un beso, pero antes de correr el peligro de olvidarme de mi “plan”, me retiro. Suena el microondas. Cojo una cuchara, el vaso de leche y lo empiezo a llenar de polvos de cacao. Unos minutos después, satisfecha con el resultado, voy a la habitación dando pequeños saltitos de emoción. Ahí está. Tumbado en la cama. Y es solo mío.
    Dejo el vaso en la mesilla.

    -          ¿Qué haces todavía con la camisa puesta? – le regaño.
    -          Esperar a que me la quites tú. – dice con una sonrisa pícara.

    Y eso hago. Le desabrocho lentamente cada botón, sin prisa, alargando los segundos. Le quito la camisa y le empujo para que se tumbe. Él, inconformista como siempre, mete las manos bajo mi camiseta y me ayuda a quitármela. Solo tenemos los vaqueros, pero por ahora no me molestan. Hay tiempo para poder quitarlos más tarde.
    Me mancho el dedo de chocolate y comienzo a dibujar, a trazar, algunas letras en su pecho. Cuando termino observo la palabra.

    -          Te Amo – lee él

    Nos miramos a los ojos y nos hacemos promesas silenciosas.

    Sí… Tengo hambre. Demasiada. Va a ser una noche muy larga y… muy dulce.


    Princess_of_Hell
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